Pero hasta ahora, la Cartagena turística no ha tomado en serio el potencial de los megayates como generadores de ingresos para la ciudad (...)
A un destino turístico como Cartagena le convienen visitantes extranjeros y nacionales que le produzcan mucho a la ciudad y la desgasten poco. Suena antipático y a sentencia “pambelística”, pero es mejor tener una mezcla de turistas en los que el mayor porcentaje sea de ricos, que de no ricos. Exigen mucho más, pero también gastan mucho más.
Dentro del turismo que le es natural a la ciudad por razones históricas, geográficas y también pragmáticas, está el náutico, una veta inexplotada y que clasifica como de poca densidad pero de mucha utilidad. Son pocos, gastan mucho y no atiborran ni ensucian el destino.
Hasta ahora la mayoría de nuestros visitantes náuticos, y bienvenidos sean, son veleristas con el perfil aventurero para “descubrir” sitios nuevos y para no tener miedo de ser los primeros en ir a ellos, aunque tengan poco poder adquisitivo. Pero hasta ahora, la Cartagena turística no ha tomado en serio el potencial de los megayates como generadores de ingresos para la ciudad ni se notan esfuerzos desde la administración distrital ni de su sector turístico en este sentido.Cada vez que intenta llegar un yate de 100 o más pies de eslora “tiemblan” las marinas porque hay pocos atraques idóneos donde amarrarlos, aparte del muelle de La Bodeguita, el de Edurbe, el Club de Pesca y una que otra marina más.
Hace pocos días entró a la bahía el yate Adastra, un trimarán -tiene un casco principal en el centro y dos “outriggers” a los lados-, cuya eslora es de 140 pies (42,5 mt) y su calado 1,6 metros, y está atracado en el Club de Pesca.
No hay en la ciudad dónde tener 10 de estos yates a la vez, advirtiendo que el Adastra no es el más grande que ha llegado aquí.
Es normal que los dueños de megayates tengan un helicóptero a bordo y que viajen en avión privado a donde está su yate, llevado por una tripulación profesional, y también es normal que donde lo amerite la distancia, su propio helicóptero lo recoja en el aeropuerto privado en la puerta de su avión.
Hablar de los megayates en Cartagena puede parecer futurista, pero no lo es porque ya comienzan a llegar de uno en uno, cada vez con más frecuencia, y es previsible que crezca la cantidad y la frecuencia de estos arribos. Las marinas de Santa Marta y de Puerto Velero, que sí pueden albergar los megayates con comodidad, son un complemento para Cartagena y no su competencia, porque crean un circuito que le conviene al Caribe y al país. Para un navegante de yate que ya está en aguas colombianas es sensato recalar en Santa Marta y en Puerto Velero antes que en Cartagena, y conoce así tres destinos en vez de uno.
¿Qué puede hacer la ciudad para prepararse? El sector público local debe atraer yates como política de estado para que el sector privado construya la marina o las marinas necesarias en el mejor sitio posible, sin alterar la calidad de vida de la gente.