La madrugada del sábado el país despidió a Alberto Araújo Merlano, un visionario, empresario y trabajador incansable.
Fueron muchas las columnas que escribió para este diario, y como las letras nunca mueren, quisimos recoger algunos de sus párrafos que no buscaban otra cosa que la prosperidad de Cartagena, el país, y especialmente, del lector.
“Amigo lector, póngase las pilas, prepárese para estar a la altura de esta avalancha de oportunidades que pueden cambiar su vida, la de su familia y la de la comunidad. No se quede pensando, actúe. No permita que lo deje este avión”. (A pensar en grande, 2012).
La educación, basada en la ética y los valores, uno de sus postulados:
“Estoy de acuerdo, formar buenos ciudadanos es lo más importante para una ciudad, país, cultura, o civilización. Colombia es un país extraordinariamente rico en recursos naturales y su población es valiosa y de razas diferentes. ¿Qué nos falta? Educar a nuestros ciudadanos para vidas saludables, prósperas y felices para sí mismos y la sociedad. ¿Cómo? Modificando radicalmente su crianza y enseñanza. La educación del buen ciudadano debe empezar antes de su nacimiento y se consolida en los siete primeros años de vida. El hogar, los jardines infantiles y el preescolar son los primeros laboratorios de donde surgen los buenos ciudadanos”. (Formar un buen ciudadano, 2012).
La invitación de Araújo Merlano a quien quiere alcanzar el éxito, es a pellizcarse, a no quedarse quieto, y “ante todo a atreverse”. “Ante todo atreverse a ser uno mismo, lo que requiere conocernos en profundidad (...). Nuestra verdadera misión de vida no se inventa, está muy ligada al ejercicio de nuestra inteligencia predominante. Quien logra descubrirla y se empeña en perfeccionarla, pronto empieza a soñar despierto con lo que será cuando la haya ejercitado bien; se traza metas intermedias y poco a poco las va remontando hasta escalar la cima del éxito”. (Atreverse a..., 2012).
De vez en cuando repetía algunas de sus ideas y con humildad lo reconocía, pero no era más que esa insistencia para que el mensaje se quedara grabado.
“Sé que repito algunos conceptos porque me gustaría que los aplicaran los padres, maestros, alumnos y los propios lectores que saben que la vida terrenal es solo una y que es mejor vivirla a plenitud que a medias. Y que nunca es tarde para empezar. Se requiere un poquito de valor para atreverse a hacerlo”. (El secreto de una mente genial, 2012).
Y es que nunca será tarde para volver a leer a don Alberto, un ejemplo de las personas que decidieron vivir su vida a plenitud.