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Editorial

Hecho en Colombia

“...Todas esas realidades tienen que servir ahora que, con la pandemia, se están produciendo cambios acelerados en las preferencias de consumo a nivel global...”

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Los colombianos hemos aprendido no sólo a confeccionar buenos productos y brindar mejores servicios, sino que, además, hemos asimilado la verdad de que los bienes hechos en el país son de excelente calidad y que, de tener más reconocimiento internacional o de contar con menos esnobismos culturales, preferiríamos los productos ‘made in Colombia’, sobre los provenientes del extranjero con marcas rimbombantes.

Decir que sabemos hacer las cosas bien no es sólo porque a cada uno nos consta; también los inversionistas y ejecutivos extranjeros así lo destacan en sus opiniones e informes, resaltando que el talento colombiano es sinónimo de calidad en los productos y servicios que son propios del emprendimiento local.

Por regla general, los colombianos somos apasionados en lo que hacemos y dedicados a lo que nos ocupa; no es extraño que en otros países la mano de obra y el intelecto de nuestros connacionales sean apreciados por la laboriosidad y acuciosidad en lo que se hace.

Todas esas realidades tienen que servir ahora que, con la pandemia, se están produciendo cambios acelerados en las preferencias de consumo a nivel global, tal como lo demuestran varios estudios internacionales en cuanto a que los consumidores comienzan a preferir productos de sus naciones, pues hay la comprensión de la necesidad de apoyar la promoción del empleo y la preservación de las empresas instaladas en sus territorios.

Nuestro país no escapa de esa tendencia. Por lo tanto, es necesario que, por un lado, las grandes superficies y los minoristas colombianos abran más espacio a los productos locales; y, por el otro, que los consumidores sigamos prefiriendo aquellos que lleven el sello de ‘Hecho en Colombia’.

Y el campo está sembrado para ello según un estudio de Propaís y Raddar, el cual refleja que el 70% de los colombianos prefiere comprar colombiano si tiene que escoger entre un producto hecho aquí y uno similar proveniente del exterior. Algo similar pasa en cuanto a las marcas, pues el 60% de las ventas en el país corresponden a marcas colombianas.

Hay que acoger las campañas dirigidas a consumir productos fabricados en plantas en Colombia, y reclamar políticas públicas dirigidas a defender a las empresas localizadas en el país, sean de capital nacional o extranjero, para preservar el empleo y el tejido empresarial locales, máxime ahora y en la pospandemia, sabiendo ya el desajuste profundo que está causando y propinará en los próximos años a las economías.

Se destaca la propuesta presentada hace unos días por la Andi para que en los niveles nacional y local trabajemos en políticas de desarrollo sectorial, programas de compras públicas y de impulso a las compras nacionales, fortalecimiento de encadenamientos locales, de defensa frente al contrabando y demás prácticas desleales de comercio, entre otras.

Como nunca, nuestras pequeñas y medianas empresas, que además amparan prácticamente toda la cadena de producción, nos reclaman mirarlas como destinatarias preferenciales de nuestros consumos.

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