En nuestra edición del lunes publicamos una extensa nota sobre el deterioro sostenido en el hábitat que conforma y nutre a la ciénaga de La Virgen, uno de los cuerpos de agua más valiosos de Cartagena por su importante ecosistema de manglar. Cientos de cartageneros que viven en su zona de influencia han sustentado sus familias a través de las faenas de pesca, entre otras actividades, incluidas las ecoturísticas.
Pero la sedimentación está cegando sus aguas, ya afectadas con la contaminación que por años ha padecido por cuenta del vertimiento de residuos y demás fluidos que recibe de los canales de los barrios que la circundan, así como los rellenos e invasiones que le arrebatan al agua espacios para afincar sus precarias viviendas.
Sin embargo, no hay factor que más afecte a la ciénaga que no contar con el funcionamiento óptimo del sistema de marea estabilizada (La Bocana), construido hace dos decenios con el objeto de garantizar el intercambio de aguas entre la ciénaga de La Virgen y el mar Caribe por medio de seis compuertas que se abren cuando sube la marea, permitiendo que el agua salada entre a la ciénaga oxigenándola con todos los beneficios que ingresan con el torrente del mar abierto; y al bajar la marea, el agua de la ciénaga sale por las otras cuatro compuertas hacia el Caribe.
Por fortuna, con la construcción del emisario submarino en 2013 se suspendió el vertimiento de las aguas servidas que allí llegaban de toda la ciudad, lo cual mejoró ostensiblemente ese valioso ecosistema; pero la falta de mantenimiento a La Bocana ha restringido la capacidad de auto regeneración de este cuerpo de agua, puesto que los contaminantes son mayores si este sistema, diseñado por expertos holandeses, no funciona o funciona parcialmente.
Si el deterioro no se detiene, es altamente probable que la dársena se colmate y que las compuertas se detengan de manera permanente, con lo cual el ingreso de sedimentos crecerá impidiendo que los caudales de agua circulen. Peor si la pantalla no funciona, pues eso sí que impediría que el agua ingrese por la parte sur de la ciénaga. Y es que el abandono del sistema es tal, que recientemente algunas personas sustrajeron más de 400 kilos de metal de esa estructura, como lo registramos en nuestras páginas.
Todo esto de por sí es grave; pero si tenemos en cuenta, como lo advertimos en otro editorial, que La Bocana permite mitigar las inundaciones de invierno, tal como pasó en la emergencia padecida en 2020, podemos imaginar lo que supondría no contar con este auxilio de la ingeniería si el próximo invierno resulta peor que en años anteriores.
Resulta entonces inaplazable la creación de una entidad que se encargue definitivamente del mantenimiento de La Bocana, o que una dependencia existente asuma sin remilgos la responsabilidad de su operación. No pueden recibirse más excusas del Distrito como directo responsable.