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Editorial

Cartagena, esperanza para los parques

“Era fantástico ver un reloj que daba la hora a los transeúntes, casi al ritmo en que se abrían sus flores. Ese monumento se deterioró años después...”.

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Es esperanzadora la propuesta del alcalde Dumek Turbay Paz de invertir en la recuperación integral de los parques de Cartagena, focalizados en inmediaciones al Castillo San Felipe de Barajas. Una recuperación que no se limitará solo a la ornamentación, sino que forma parte del Plan de Desarrollo Distrital, en su línea estratégica de Espacio Público, Movilidad y Transporte Resiliente.

Esta propuesta abarca lo social, ambiental y cultural, el disfrute del territorio para la comunidad cartagenera y el fortalecimiento de la calidad de vida.

El Distrito diseñó atender causas sociales en este proyecto de acuerdo de incorporación de casi 600 mil millones de pesos, presentado al Concejo, para la recuperación del antiguo y pauperizado Parque del Reloj Floral –más tarde Parque del Reloj Solar–, que fue significativo en la memoria emocional y sentimental de los cartageneros y en la valoración de propios y visitantes del turismo nacional e internacional.

En ese mismo Plan de Recuperación del Espacio Público, presentado por el Distrito, está el Parque de las Botas o los Zapatos Viejos y el Parque Luis F. Vélez. La propuesta está en manos de los cabildantes, quienes debatirán la iniciativa en próximos días, mientras la ciudad espera su aprobación.

En los tres escenarios mencionados en esta recuperación, hay una historia formidable que es un valor agregado. El monumento a Las Botas o Los Zapatos Viejos fue erigido en Cartagena en 1954, hace 70 años, por iniciativa del alcalde Vicente Martínez Martelo.

El escultor Tito Lombana, autor del diseño del monumento en cemento y hierro, lo concibió en homenaje al más grande poeta de la primera mitad del siglo XX en Cartagena: Luis Carlos ‘El Tuerto’ López Escauriaza. La escultura alude el soneto clásico ‘A mi ciudad nativa’, en la que compara el entrañable amor que tienen los cartageneros por su ciudad, como quien ama a sus zapatos viejos, en cuyas suelas hay una memoria de huellas y pisadas, probablemente, una metáfora de la vida misma.

Años más tarde, el escultor Héctor Lombana, hermano de Tito Lombana, fundió en bronce el monumento que ya en 1954 había merecido elogios de la prensa nacional e internacional, y una portada de la revista Bohemia, en La Habana.

El monumento del Reloj Floral, donado por holandeses a Cartagena, fue punto de referencia para nativos y viajeros. Era fantástico ver un reloj que daba la hora a los transeúntes, casi al ritmo en que se abrían sus flores. Ese monumento se deterioró años después por falta de mantenimiento, convertido en letrina y orinal público, hasta su desaparición. Al final del siglo XX fue reemplazado por un Reloj Solar, que años después repitió la misma historia de despojos y negligencias.

¡Hoy Cartagena reclama esos espacios para la vida y el encuentro ciudadano!

“Era fantástico ver un reloj que daba la hora a los transeúntes, casi al ritmo en que se abrían sus flores. Ese monumento se deterioró años después...”.

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