En 2008, Cartagena y Bolívar dieron un paso trascendente con la formulación del Plan Regional de Competitividad de Cartagena y Bolívar (PRCCB), un esfuerzo conjunto entre actores públicos y privados que prometía mejorar la competitividad y productividad de la región; sin embargo, tras más de un decenio los resultados del Plan no son relevantes.
Con un cumplimiento del 28,2% en 2019, es evidente que las metas trazadas no se han alcanzado, y el departamento sigue enfrentando desafíos significativos para consolidarse como un territorio competitivo. ¿Qué salió mal?
Entre las principales causas están la baja articulación territorial, la escasa promoción en los sectores productivos priorizados, la falta de actualización de la estrategia frente a las nuevas dinámicas socioeconómicas locales y globales; pero, singularmente, la débil gobernanza.
Hoy, en un contexto pospandémico, con liderazgos sólidos desde lo público, es indispensable replantear el enfoque del PRCCB. La región no puede permitirse continuar con una visión estática y limitada, especialmente cuando las oportunidades en sectores emergentes, como las energías renovables, las nuevas tecnologías, el offshore, la agroindustria o la minería, ya tocaron la puerta.
El nuevo Plan de Competitividad de Cartagena y Bolívar debe adaptarse a las nuevas realidades. Por fortuna, en estas anda la alianza entre la Gobernación de Bolívar, la Alcaldía y la Cámara de Comercio de Cartagena, con el apoyo técnico y metodológico de la Universidad del Rosario, enfocado en cinco pilares: sostenibilidad, innovación, fortalecimiento institucional, inclusión productiva y una mirada regional que reconozca las particularidades de cada una de las siete Zonas de Desarrollo Económico y Social (Zodes).
Así mismo, la innovación y la tecnología jugarán un rol crucial en la nueva estrategia. El fortalecimiento del eje de investigación, la transferencia tecnológica y la generación de conocimiento serán determinantes para diversificar la economía y garantizar que Cartagena y Bolívar no solo se adapten a las nuevas tendencias globales, sino que lideren en ciertos sectores. Cartagena y Bolívar tienen en sus manos la posibilidad de consolidarse como referentes en sostenibilidad, generando empleo y crecimiento en sectores alineados con esta visión.
Es momento de que todos los actores, públicos y privados, se unan nuevamente para dar un giro decisivo. El éxito del nuevo Plan no dependerá solo de su diseño, sino de una gobernanza sólida que garantice un seguimiento continuo, con mediciones periódicas y un sistema de indicadores claros que permitan ajustar el rumbo cuando sea necesario.
A diciembre de 2024, se espera contar con un Plan renovado que no solo dibuje una hoja de ruta clara con visión prospectiva a 2040, sino que, lo más importante, la haga viable.
