En una ciudad costera como la nuestra no es mucho lo que se ha avanzado en cultura ambiental. Combatir el Cambio Climático no es asunto exclusivo de ingenieros, biólogos o ecologistas; es un problema de la sociedad toda.
A pesar de la profusa información y de lo que se ha discutido públicamente sobre el tema, hay comunidades que siguen rellenando y construyendo en las orillas sin considerar que, acabar con el manglar que se encuentra dentro de la ciudad, acelera mucho más los impactos de ese fenómeno.
El pasado 3 de abril, el alcalde Turbay, acompañado por su gabinete en pleno, se reunió con las comunidades de los barrios Pie de La Popa y Manga, para revisar los compromisos pactados durante el primer año de mandato. Uno de los compromisos a los que arribó el alcalde fue la poda técnica de los manglares, para mejorar la seguridad.
Importa que, a quienes corresponda atender las instrucciones del burgomaestre, tengan en cuenta la aplicación metodológica y técnica del ejercicio de la poda como tal, lo que significa, por ejemplo, iniciar con la confirmación de la presencia o no de nidos con huevos o polluelos, para que el retiro de estos o aquellos se efectúe con parte de la rama en la que se localizan, para su posterior ubicación en árboles cercanos o entregarlos a la autoridad ambiental. Este ejemplo sirve para señalar que la intervención debe estar amparada en un permiso de la autoridad ambiental, como fue en el caso del Canal Juan Angola, aplicando los protocolos y el cuidado que se debe desarrollar en estas laborales forestales y en especies tan sensibles como son los sistemas mangláricos.
El hecho de que los corredores ambientales, conformados por canales internos bordeados por cinturones mangláricos, hayan sido abandonados en anteriores administraciones por desidia y conformismo, y que ahora haya renovado interés frente a estos ejes con las acciones de poda, no debe aprovecharse para que, en ejercicio del deber de librar estas áreas de la invasión de habitantes de la calle que representan riesgo para la comunidad, sea la acción más facilista intervenir los árboles de manglar sin tomar las precauciones técnicas que corresponden, pues el ecosistema no es el responsable de lo que esos ciudadanos cometen, cuando lo pertinente es que la acción de control se realice con más presencia de autoridad, manteniendo la medida policiva en el tiempo con miras a que estas áreas de especial protección no se conviertan en guaridas de maleantes.
Lo correcto es, entonces, procurar un equilibrio entre la poda técnica y los actos de control de autoridad, razón por la que conviene que el EPA revise si se está siguiendo la metodología y directrices entregadas en las autorizaciones conferidas. Hecho esto, procedería el seguimiento a si la acción realizada es efectiva para asegurarse en torno de si habrá servido o no la poda técnica, si regresan los habitantes de la calle.
