Como nos estamos acercando a fin de año, son pertinentes análisis sobre los temas relevantes de 2025, para identificar qué se logró, lo que falta y lo que no se puede frenar, para lo cual iniciamos este periplo con la Vivienda.
En medio de un 2025 complejo para el sector de la construcción, marcado por decisiones nacionales que impactaron directamente el acceso a la vivienda, especialmente de interés social, Cartagena, según lo refiere Camacol, mostró señales claras de resiliencia. Entre enero y noviembre de 2025 se lanzaron 5.002 unidades de vivienda nueva, un crecimiento del 9,6% frente al mismo periodo de 2024. En ese mismo lapso se comercializaron 7.448 unidades, destacándose el dinamismo del segmento No VIS, que creció cerca del 30%, impulsando inversión, empleo y confianza en el territorio.
Sin embargo, los avances contrastan con una realidad que no puede ignorarse: esas mismas cifras muestran que la Vivienda de Interés Social registró una caída del 29,5%; por otro lado, como cerca del 75% de los hogares cartageneros vive con menos de dos salarios mínimos, el acceso a vivienda formal depende, en gran medida, de políticas públicas efectivas dirigidas a los hogares más vulnerables. Según cifras de Corvivienda, Cartagena necesita alrededor de 100 mil unidades para cerrar su déficit habitacional. A esto se suma un dato inquietante: en 2024, por primera vez en muchos años, los arriendos crecieron por encima del precio de la vivienda, presionando aún más a los hogares y empujando a muchos hacia la informalidad.
Lo ocurrido en Cartagena no es una excepción. Al analizar otras ciudades del país, los indicadores muestran comportamientos similares. Este contraste deja en evidencia una verdad incómoda pero ineludible: las regiones han hecho su parte, han articulado esfuerzos, han mostrado liderazgo local y han mantenido vivo al sector. Pero no pueden avanzar solas. Sin una política nacional de vivienda coherente, sostenida en el tiempo y sensible a las realidades territoriales, los avances regionales corren el riesgo de diluirse y el déficit habitacional de profundizarse.
Hoy, más que nunca, Colombia necesita que la agenda nacional de vivienda vuelva a alinearse con las necesidades de las ciudades y las regiones. El Gobierno Nacional queda en deuda con miles de familias que vieron truncado el sueño de acceder a una vivienda digna. En el caso de Cartagena, las expectativas de recuperación y corrección de esta coyuntura se concentran en la gestión que viene adelantando el alcalde Turbay y su equipo de gobierno, factor clave para reactivar soluciones con recursos propios a partir de la recuperación de la confianza y avanzar hacia un desarrollo urbano más equilibrado.
La vivienda no puede seguir siendo una variable de ajuste. Es, y debe seguir siendo, un asunto central de la política social, económica y territorial del país.
