Editorial


Apoyo a los damnificados

“(...) pero es mucho lo que hay que hacer y lo que se necesita para darles algo más de tranquilidad frente a los interrogantes que los asaltan (...)”.

A casi una semana de las inundaciones causadas tras el paso de la tormenta tropical Iota, se revelan los efectos en nuestra población más débil, sin contar con los daños a los bienes públicos y privados de la ciudad.

La prioridad ahora son los damnificados que han quedado sin techo o sin nada, o los que perdieron sus enseres y demás elementos esenciales, quienes carecen de posibilidades propias de obtener ingresos de sobrevivencia o de proveer alimentos a sus familias.

Es un drama atroz que, aun cuando no es nuevo, nos confronta con el dolor ajeno y nos reclama desde lo más hondo a movernos por ellos, hacernos sus prójimos y hacerles sentir que no están solos, dando cada cual lo que pueda dar en tiempo o servicios, especies o dinero.

Los centros de acopio de víveres y provisiones, y las cuentas bancarias para recibir donaciones, son varias. Las iniciativas corren por entidades del Estado, la Arquidiócesis, otras iglesias, gremios de empresarios, medios de comunicación, entidades sin ánimo de lucro, o personas individuales, quienes han asumido con mística el compromiso de asistir intangible o materialmente a los cientos de afectados por Iota. Para todos ellos, agradecimientos.

Los testimonios de damnificados albergados provisionalmente en el Coliseo de Combates y el Coliseo Rocky Valdez, que conforman un apesadumbrado grupo de más de 500 familias, la mayoría niños y jóvenes menores de edad y hermanos venezolanos, cuentan historias dolorosas, algunas constitutivas de verdaderas tragedias personales.

La Oficina Asesora para la Gestión del Riesgo de Desastres del Distrito, con el apoyo de la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres, han hecho un encomiable esfuerzo por proveer alimentos y otras mercaderías necesarias para el sostenimiento medianamente digno de los albergados, pero es mucho lo que hay que hacer y lo que se necesita para darles algo más de tranquilidad y certidumbre ante los interrogantes que los asaltan frente a los días venideros, pues la mayoría podría volver a sus viviendas, pero otros probablemente no, o porque están derruidas o porque no se les permitirá habida cuenta de los riesgos a los que quedarían expuestos; además, habría que esperar para inspeccionar si en los sectores inundados drena finalmente el agua estancada, o si los últimos fenómenos atmosféricos que se pronostican para las próximas semanas tienen el potencial de provocar nuevas y riesgosas inundaciones.

Y ahora hay que redoblar esfuerzos en continuar donando y recolectando elementos básicos como colchonetas, ropa, alimentos no perecederos, artículos de aseo y de primera necesidad, especialmente para bebés, niños y mujeres, otras especies y dinero, pues no solo hace falta aún más para los damnificados en la ciudad, sino también para incluir como destinatarios a nuestros compatriotas residentes en San Andrés y Providencia.

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