Farc, terrorismo y diálogos

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Esta semana ha estado caldeada por los comentarios cruzados entre el Gobierno y las Farc, las que declararon fracasado el plan militar contra ellas y critican la escalada en su contra con 50 mil hombres, anunciada por el gobierno de Santos.

Desde los golpes del gobierno de Uribe a las Farc y la corrida de sus retaguardias a las zonas de frontera y a las selvas más remotas, los ataques de esta guerrilla pasaron de alta a baja intensidad, más contra la infraestructura petrolera y de energía que contra la tropa, sin que por eso hayan dejado de emboscar a las fuerzas armadas y sembrar minas.

Según le dijo el general Sergio Mantilla ayer a El Tiempo, hay 10 lugares del país que concentran 80% de las Farc, estimadas en no más de 9 mil hombres, cuando hace 10 años tenían más de 23 mil. Los sitios mencionados por Mantilla son: 1) Guajira, El Perijá, Albania, Buenavista, muy cerca de la frontera. 2) el Catatumbo, en Norte de Santander; ahí está la mayor concentración. 3) Arauca. 4) el Nudo de Paramillo, en Antioquia, los alrededores del Nudo, y ahí entra el noreste antioqueño. 5) el bajo Cauca, esa zona grande en general conocida como Nudo de Paramillo. 6) el sur del Tolima. 7) el sur del Valle y el norte del Cauca: Timba, Caldono, Florida, Pradera. 8) sur de Nariño, Tumaco, el Gualtal. 9) lugares de Caquetá y Meta, y 10) la frontera con Ecuador, en Putumayo. “Hay otros puntos donde su capacidad de acción es el terrorismo, pero la casi totalidad del país está formada por zonas liberadas de la presencia de las Farc, o donde tienen muy baja incidencia”, aseguró Mantilla.
Y según él, las Farc están eliminadas en casi todo el resto del país, incluida buena parte de Guajira, Magdalena, Atlántico, Sucre y Bolívar.  No niega que las Farc tienen aún capacidad para el terrorismo, como lo demuestra la racha de torres de energía voladas recientemente.

Es fácil entender que las Farc y el Gobierno, por dialogar en medio de la guerra, se presionen mutuamente con acciones militares, pero no se entiende que la guerrilla crea que le conviene volar torres de energía, tuberías de petróleo y de gas, acciones que afectan muchísimo más a la población pobre y rural, que a la rica y urbana, es decir, al pueblo raso que dicen representar.

No les importan las penurias que le causan a los más humildes, la contaminación de campos, ríos y quebradas, ni el daño a la infraestructura del país, que es de todo el pueblo colombiano y para su beneficio. La reacción de los colombianos pobres y ricos es en contra de las Farc, no a favor, cada vez que cometen las atrocidades de destruir lo que el país ha construido con esfuerzo y sacrificio.

Es difícil entender qué pasa por la mente de estas personas cuando emprenden tales acciones de terrorismo. Es como si vivieran no solo en otro país, sino en otro mundo. Tampoco tiene sentido que alias Timochenko hable de “desarrollo alternativo”, si su modelo solo le ha traído la ruina -esa sí sin alternativas- a los países que, como Cuba y Venezuela, cometieron la torpeza de implementarlo. Ojalá que el dogmatismo algún día le abra camino a la sensatez.

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