Mientras que la apertura de la Playa 5 en Bocagrande encuentra a los organismos oficiales sin prácticamente ninguna preparación, a pesar de que hace dos años fueron llamados para que planearan cómo sería el retorno a su uso y goce, para Castillogrande la visión de explotación podría dirigirse a implementar la invasiva cultura del kiosco.
Bastó que en el ranking del Centro Internacional de Formación en Gestión y Certificación de Playas (Cifplayas) apareciera la de Castillogrande como la tercera mejor playa urbana de Colombia, y en el puesto 29 del listado de América Latina, para que se considere posible llenarla de kioscos para que terceros las exploten, desplazando a los nativos, como permitieron que ocurriera en Playa Blanca, y, con ello, romper con la armonía que hay entre usuarios de las playas de Castillo, vecinos de esa zona residencial, tal vez la única que queda en el amplio sector turístico de Cartagena, y los integrantes de la economía popular, que vienen explotando comercialmente esas playas de manera organizada y sin escándalos o incidentes que lamentar.
De nada sirvió como lección que en ese prestigioso estudio internacional se excluyera a Playa Blanca del listado de nuestras mejores playas, precisamente porque su extensión, de casi 4 kilómetros, con arena blanca de origen marino y agua turquesa, que hace parte del límite de uno de nuestros parques naturales, como lo dice el informe sin tapujos: “... la gestión es prácticamente nula...”.
Tienen razón los residentes de Castillogrande en estar molestos con la posibilidad de que se concrete favorablemente la solicitud de concesión pedida a la Dirección General Marítima (Dimar) por una empresa privada, que busca establecer un kiosco de aproximadamente 200 metros cuadrados, destinado a la práctica de deportes náuticos en esa zona.
El presidente de la Junta de Acción Comunal (JAC) de Castillogrande, Jesús Puello Chamié, mencionó a este diario algo que salta a la vista para quien sea en verdad cartagenero: Castillogrande no tiene vocación turística como Bocagrande o El Laguito. La explotación que de sus playas hacen nativos de la economía informal ha supuesto una organización bien avenida con la comunidad de dicho barrio, donde el manejo ordenado, limpio y seguro ha supuesto una convivencia tranquila, que este kiosco rompería; además de que le abriría la puerta a más solicitudes de similar naturaleza, con lo cual, sería el mismo Estado el que llevaría a esa playa, reconocida ya internacionalmente como la tercera mejor urbana, a otra similar a las caóticas que reinan en el resto de la ciudad.
¿De qué sirvió el modelo de Playa Azul que se inauguró con bombos y platillos en La Boquilla? ¿Por qué no se replicó o replica al menos en las nuevas playas que han surgido en Bocagrande con ocasión del proyecto de Protección Costera, y se deja en paz la de Castillo?