Editorial


Mirar hacia San Andrés

“La oportunidad de contar con el alto Gobierno en las islas es propicia para replantear la forma como se enfrentarán los próximos accidentes meteorológicos (...)”.

EL UNIVERSAL

18 de noviembre de 2020 12:00 AM

Hace pocos días, tras el paso de Eta por el Caribe y el daño que causó en San Andrés y Providencia, nos referimos al descuido nacional sobre el archipiélago, reconociendo que no solo es atribuible a los interioranos sino también a nosotros, los caribeños continentales.

Jamás previmos que con solo unos días de diferencia otro fenómeno atmosférico, esta vez el huracán Iota, causaría estragos mayores, de entre los que se cuentan dos personas muertas, una desaparecida, más de 112 evacuadas del sitio, seis heridos, la destrucción de más del 98% de Providencia, y daños no calculados aún en el resto del archipiélago.

Es encomiable la rápida reacción del Gobierno nacional y plausible la pronta presencia del presidente Duque con miembros de su gabinete en las islas con el fin de brindar apoyo en la remoción de escombros, el restablecimiento de las comunicaciones y aportar ayuda humanitaria, a lo que se suma las fuerzas navales con sus equipos especializados de búsqueda y rescate en estructuras colapsadas, salvamento acuático y administración de albergues temporales.

La oportunidad de contar con el alto Gobierno en las islas es propicia para replantear la forma como se enfrentarán los próximos accidentes meteorológicos, pues quedamos notificados que el paso de nuevos huracanes, y con tal potencial de daño, es ya inevitable. Esto pasa por identificar qué se dejó de hacer para que los isleños estuvieran mejor preparados para recibir semejante impacto; si será necesario construir espacios especiales para resguardar a la población mientras golpean esos fenómenos atmosféricos; qué lugares se pueden habilitar, con dotación suficiente, como albergues después del paso de estos; revisar si el tipo de construcciones, singularmente en Providencia, deben sustituirse por edificaciones acordes con el estilo tropical autóctono pero que resistan tales embates naturales; y si el personal sanitario y de rescate está capacitado para atender situaciones complejas como las que se están viviendo allá ahora.

Pero también es tiempo de enfrentar otros problemas que terminan afectando la capacidad del Estado local para gobernar estas y otras situaciones en las islas. En efecto, antes de la ocurrencia de los recientes fenómenos meteorológicos se denunciaban situaciones que han contribuido a deteriorar la calidad de vida de los sanandresanos. Se cuentan entre estos la sobrepoblación que comienza a asfixiar los barrios subnormales con el hacinamiento y el incremento de la delincuencia, expresada, como lo mencionamos en el anterior editorial, en el poder creciente del micro y narcotráfico. Pero, lo que es peor, una sucesión de administraciones mediocres, algunas protagonistas de sonados escándalos de corrupción, que ameritan una estrategia que ayude a recuperar la sana gobernanza para esos territorios.

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