Editorial


¿No es suficientemente negra?

La columna de hace 15 días de Martha Amor, la directora de UdeC Radio, la estación radial exitosa de la Universidad de Cartagena, planteaba su inscripción a un concurso para una beca destinada a afrodescendientes. A pesar de serlo, de sentir que lo es, de cumplir con los requisitos para aspirar a la beca, y de obtener el segundo mejor puntaje, dos becas fueron otorgadas a quienes ocuparon el primero y tercer lugar, dejándola a ella por fuera.
Era el segundo año que participaba en lo que creía ser un concurso de méritos. De nuevo se aseguró minuciosamente de estar dentro de los parámetros del concurso, averiguando sus reglas en detalle, para que no le sucediera lo del año anterior: que no clasificó. Pero a pesar de sus cuidados, el resultado fue el mismo.
Martha Amor es morena, no negra, y como dice ella misma, intuye en su propia fisonomía la herencia triétnica que comparten buena parte de los habitantes del Caribe colombiano: blanca, indígena y negra (afrodescendiente). Sin embargo, se sintió que para ganarse la beca en cuestión, su piel no resultó ser lo suficientemente oscura.
Amor, una madre soltera y cabeza de familia que vive en casa de sus padres para hacer rendir su salario, advierte que en distintos momentos de su vida ha sido discriminada por su color moreno, pero nunca pensó que lo sería por no ser lo suficientemente negra.
Edwin Salcedo, un activista afrodescendiente a quien consultamos, quien es una autoridad en asuntos raciales, le dijo a El Universal que se considera a alguien afrodescendiente cuando cumple una de dos condiciones principales, o ambas al tiempo: por fenotipo, donde predomina la raza negra con contundencia sobre cualquier otra en la apariencia de la persona; y cuando la persona creció en un entorno afrodescendiente, y se siente parte de esa cultura, aunque su fenotipo no sea predominantemente afro.
De unos años para acá, ser afrodescendiente dejó de ser una ignominia, y por el contrario, es una fuente de orgullo para quienes lo son. Y también es cierto que gracias al activismo, y a partir de la Constitución de 1991, hay leyes que defienden esa etnia, y muchas líneas de recursos distintos para tratar de disminuir la inequidad y la marginalidad de las comunidades negras.
Eso ha hecho surgir cierto oportunismo en personas que nunca antes se hubieran definido como afro, para tratar de gozar de algunos de los privilegios ganados con tanta dificultad por los afrodescendientes más aguerridos. Pero esta prevención normal no debería traducirse en un fundamentalismo a ultranza, ni debería ser fuente de discriminación inversa.
El caso de Martha Amor debería servir, más que para enjuiciar a una persona, grupo de personas o una institución, para determinar con amplitud quién es o no es afrodescendiente, y para evitar los extremos: el fundamentalismo negro, y el oportunismo de quienes no lo son.
También se debería rectificar cualquier injusticia que se haya cometido en contra de Martha Amor y de personas en situación similar. 

 

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