Aún dentro de la trayectoria de la tormenta tropical Iota, y antes de que se aleje convertida en huracán, los estragos que está ocasionando ya son cuantiosos y en pocos días sabremos la dimensión de las afectaciones y las familias damnificadas.
Es frustrante ver la incapacidad que tenemos de hacer las cosas bien y a tiempo en materias técnicas. ¿Desde cuándo no se sabe que podemos vivir tragedias peores que las de este puente festivo? Hace solo unos días, tras el paso de Eta, cuántos advertimos de la eventualidad de una verdadera catástrofe si se unen de forma extraordinaria, pero posible, fenómenos naturales como intensas y prolongadas lluvias, vientos fuertes y crecida del mar. Por fortuna, esa tormenta perfecta no fue esta vez. ¿Hay que esperar a que suceda?
Las frecuentes inundaciones no solo dañan a las personas y a sus núcleos familiares; también afectan el normal desarrollo de las actividades comerciales, turísticas e industriales por las restricciones en la movilidad, los cortes de luz, y otros factores que impactan sustancialmente la competitividad con el consecuente empobrecimiento de la población y la pérdida de valor del patrimonio material.
En buena hora el alcalde declaró la calamidad pública, lo que permitirá ofrecer algunos primeros auxilios urbanos, como la contratación de equipos y personal para la intervención de los canales pluviales; pero esas acciones serán, otra vez, paños de agua tibia.
El asunto de fondo es ponerse a sacar el Plan Maestro de Drenajes Pluviales, cueste lo que cueste; ¿qué proyecto puede ser, después de lo que estamos viviendo, más importante?
El Sistema Pluvial de Cartagena está formado por colectores que, salvo el San Anastasio que fue sustituido en su totalidad dentro de las obras de Transcaribe, acusan peligrosa colmatación por la sedimentación que han sufrido por más de 20 años sin recibir adecuado mantenimiento, lo que explica por qué con estos fenómenos se suben los niveles de agua en las calles del Centro, Matuna, Getsemaní y tantos otros barrios. Si bien la solución del Plan Maestro es integral y beneficiará a toda la ciudad, nuestra generación tiene el deber de preservar, como lo hicieron quienes nos precedieron, el patrimonio monumental del casco amurallado. Como van las cosas, ni esto estaríamos garantizando.
Ahora, toca iniciar un plan temporal de limpieza y remoción de los sedimentos del precario Sistema, tal como lo ha propuesto la SIAB en tantas ocasiones para restituir su capacidad hidráulica.
No más excusas. No cabe recibir el próximo periodo invernal para limpiar el precario Sistema.
No más espera en la creación del ente descentralizado que se encargue de impulsar y materializar el Plan propuesto desde hace tantos años.
Y, entre tanto, todos unidos con donaciones para los damnificados de esta previsible emergencia.