Si la aseveración formulada por el abogado y excongresista Germán Viana Guerrero en cuanto a que los terrenos ubicados en Tierrabomba no generan para el fisco distrital ingreso alguno no se desmiente, quiere decir que, para los efectos prácticos, Tierrabomba no existe como factor de contribución al erario y al sostenimiento del funcionamiento del Distrito de Cartagena de Indias.
El sábado publicamos un resumen de los aspectos relevantes de una carta enviada esta semana por Viana Guerrero al alcalde William Dau Chamat, que es también un llamado a todos los cartageneros que por acción, omisión o culpable desinterés hemos contribuido a desaprovechar el enorme potencial de generación de riqueza y tributos que le son inherentes al tesoro más visible que tiene la ciudad, pero que pareciera cubierto de un manto de protección contra una posible iniciativa de ordenar y fructificar su vocación de constituirse en el mejor vividero del Caribe, armonizando los derechos e intereses de las comunidades raizales que lo pueblan, con los de los propietarios mayoritarios, esto es, la Nación/Armada Nacional y el Distrito, y los minoritarios o particulares con títulos de propiedad –si los hay–, o con los poseedores u ocupantes privados a cualquier título.
La actual emergencia sanitaria, social y económica que atraviesa la ciudad (y el mundo) por la expansión del contagio del coronavirus, ha revelado la profunda fragilidad en las finanzas del Distrito y la urgencia de contar con nuevos recursos que fortalezcan sus capacidades para sortear los retos que enfrentamos ahora, los que traíamos y los que vendrán en la post pandemia. Obtener ingresos para invertir en las comunidades más débiles, singularmente las que pueblan los corregimientos de la Bahía, para mejorar cualitativa y materialmente sus condiciones de vida, pero también lograr un desarrollo urbano sensato en la Isla de Tierrabomba, no debería ser un sueño de ilusos. Por el contrario, en un ambiente de normalidad institucional, la isla ya estaría desarrollada, con lo que ello significaría para el recaudo de mayores ingresos en Predial, Industria y Comercio y otros tributos, o en contar con la promoción del empleo y nuevos emprendimientos, así como un lugar sin par para consolidar la vocación turística de Cartagena.
La Armada Nacional pudiera tener allí una nueva sede naval o, con la venta de vastas hectáreas, obtener recursos para los planes de expansión que están en espera, así como dar en pago lotes al Distrito para saldar la deuda que se acuerde por Impuesto Predial.
Si el Distrito es propietario de 375 hectáreas, de las cuales seguramente serán tituladas una parte a los raizales asentados en los corregimientos de la isla, no debería tardar en estructurar un plan para el desarrollo armónico, urbano, social y humano, procurando la concertación con las comunidades y los actuales ocupantes.