Opinión


Inteligencia, curiosidad, creatividad

MIGUEL YANCES PEÑA

17 de mayo de 2021 12:00 AM

Más que la pasión por inventar o descubrir algo, la investigación en Colombia es un empleo en el que se cumplen tareas, se rinden informes, y se recibe una paga que es en realidad el móvil. Así no puede haber ingenio, inteligencia, ni creatividad. Se requiere un estímulo intrínseco, que no existe. Me recuerda a esas orquestas cartageneras que nos ponían a bailar música cubana, cordobesa, o vallenata, pero no tenían una producción propia. También a quienes reproducen pinturas, o fotografías, sin que se aventuren a la creación de imágenes y mezclas de colores nuevos que provoquen emociones. Y a quienes hacen humor parodiando la realidad, irrespetando a otros, haciendo payasadas, o recurriendo a la vulgaridad.

Pero si miramos la curiosidad propia del niño, su genuino interés por todo, el empeño con que pregunta e investiga, su osada y generalizada creatividad; y las formas que se idean los que poseen menos estudios para resolver los problemas diarios y prosperar; o la creatividad musical y pictórica de quienes no dominan ningún instrumento ni técnica, permite cuestionarnos sobre si es, cómo se imparte la educación lo que mata la curiosidad, el espíritu investigativo y la creatividad. La vida y la educación se han convertido en ‘formatos y normas’ que seguir; en adquirir una habilidad específica sin estímulos para innovar o crear. También en economía, en política y en los negocios: todo lo copiamos. Una anécdota. Al terminar la Maestría se nos exigía presentar un proyecto de investigación, y se nos trajo un profesor estadounidense que nos enseñó el formato para presentarlo. Pero lo que mi grupo tenía en mente era una idea para dinamizar el mercado de energía aplicando ‘derivados financieros’ que no encajaba en nada. Finalmente ignoramos el formato, y presentamos la idea como se nos ocurrió con el riesgo de ser rechazado.

En el extranjero es diferente, tal vez porque no se persigue a quienes revolucionan la industria y los negocios, mientras que en Colombia sí. ¿Creen ustedes que hubiera sido posible idear Internet, email, WhatsApp (la lista es interminable) en un país en el que tener un celular requería de un carnet especial y certificado judicial? No. Los colombianos prefieren copiar, porque a eso los enseñan desde niños, y los condicionan con normas y leyes cuando adultos.

No es que seamos menos, aunque es innegable que la ‘plataforma y el ambiente tecnológico’ desde la que se intente es fundamental, si no, que se teme ser diferente porque lo novedoso, si no viene del exterior es rechazado, y en un intento por evitarlo, le ponemos nombres en otras lenguas a todo lo que queremos posicionar.

Suena absurdo, pero se ridiculiza, se persigue y se encierra a quienes idean nuevas formas de ganarse la vida, mientras que se justifica la violencia y muchos otros delitos, cuando se disfrazan de rebeldía.

*Ing. Electrónico, MBA.

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