El testimonio de Carminia Chiquinquirá Fuentes es un ejemplo de la resiliencia y la perseverancia que debemos tener para enfrentar las adversidades día a día.
Su historia está marcada por el cambio, pero también por la adaptación. Ella es uno de tantos reflejos de la lucha constante de cientos de miles de migrantes que buscan un futuro mejor, más allá de las fronteras de su país natal: Venezuela. (También le puede interesar: Aumento del 18 % en las peticiones de asilo en México, en 2023)
Originaria de Maracaibo, Carminia tenía una vida dedicada al comercio callejero, específicamente se desempeñaba como “buhonera” (vendedora ambulante), como ella misma lo comenta.
Su jornada incluía la venta de hortalizas, frutas y verduras. Sin embargo, la difícil situación económica que se extendía por todos los rincones de Venezuela la llevó a optar por el mismo camino que han transitado ya más de siete millones de compatriotas: migrar. Hizo maletas y se marchó.
“Vivíamos una vida feliz, pero nos tocó migrar porque la situación que vive el país es fuerte. Ahora tengo ocho años aquí en Colombia”, comparte Carminia con una mezcla de nostalgia y alegría en su voz, mientras ordena su mercancía sobre un mantel blanco.
Nuevas tierras, nuevos retos
La travesía migratoria de Carminia la llevó inicialmente a Maicao, donde permaneció por tres meses. Luego, desde esa ciudad se trasladó a Barranquilla, donde vivió durante seis años, antes de establecerse en Cartagena, su hogar desde 2021. Cada cambio de ubicación trajo consigo nuevos retos.
“Tenemos que adaptarnos, buscar nuevas oportunidades”, expresó Carminia, al pie de un stand durante una feria de emprendimiento en el barrio El Líbano en Cartagena, donde participaron otros migrantes venezolanos y colombianos retornados, que mostraron su talento es ese espacio.
La mercancía que ella ofrece es el moriche hecho arte. Se trata de una palma utilizada para la producción de viviendas, alimentos, medicinas, artesanías y madera para canoas.
“Tengo un cuñado que vende aquí artesanías del Amazonas venezolano y me ofreció venir acá a comercializar moriche, y me ha ido bien gracias a Dios”, comenta.
Ella recorre las calles, las plazas y las playas de Cartagena ofreciendo sombreros, individuales, lámparas, hamacas y otras artesanías, que son confeccionadas con moriche en Amazonas y luego trasladadas a La Heroica. Ha sido tanto la acogida de estos productos que ha traspasado fronteras.
“Hemos vendido internacionalmente en México, Ecuador, Puerto Rico y otros países”, refiere.
Carminia afirma que las ganas de salir adelante son un motor poderoso para superar las adversidades. Su historia es un testimonio personal y también un recordatorio de la riqueza y la diversidad que los migrantes aportan a las comunidades que los acogen. (Lea también: Papa Francisco pone en alerta a los países del mundo ante las rutas migratorias)
Ella personifica la fuerza de aquellos que, a pesar de las circunstancias difíciles, encuentran en la esperanza y el trabajo arduo un camino hacia un futuro mejor.
