Más allá de los problemas políticos y administrativos que vive Cartagena tras la salida de Campo Elías Terán Dix del despacho del Palacio de la Aduana, está el ser humano que una vez soñó con ser alcalde.
Campo Elías, por el conocimiento que tenía de la ciudad, la que recorría a diario por su trabajo de periodista radial en RCN, decidió un día que quería ser alcalde de Cartagena para, como dice en su carta de renuncia enviada a la Presidencia de la República, entregar a los cartageneros “una ciudad más próspera, equitativa e incluyente, en la que todas las clases sociales pudieran tener acceso a los mismos servicios y de la que se sintieran orgullosos todos los colombianos”.
Sin embargo, el infortunio, representado en un cáncer que dio su primer campanazo de alerta el 15 de agosto de 2012, cuando Terán Dix se encontraba reunido con abogados de la Sociedad Aeroportuaria de la Costa (Sacsa), le ganó la batalla y lo dejó en la lona, para usar uno de los muchos términos deportivos que él usaba durante sus transmisiones radiales. (Lea aquí: Campo Elías Terán fue hospitalizado tras presentar mareos)
Hoy, cuando hace oficial su renuncia, anunciada por el abogado Abelardo de la Espriella el pasado 1 de abril, Terán Dix refleja un dejo de tristeza en su misiva, que no deja más que compadecerse por un ser humano que hoy lucha contra la muerte.
Esto se refleja en el párrafo donde pide ser recordado como un buen alcalde y el que también pide oración a sus amigos por su salud. “Espero que mis compatriotas me recuerden como el alcalde amigo, honesto y servicial, que quiso ayudar a los más desfavorecidos; y que eleven sus plegarias a Dios por mi pronta recuperación”.
También conmueve ver cómo una enfermedad vuelve a un ser humano que se veía tan fuerte y autosuficiente, diezmado y debilitado, al punto de ni siquiera poder firmar su nombre como lo hizo cuando se creía que estaba sano.
Hoy, cuando termina la era Terán Dix en la historia política de la ciudad no queda más que compadecerse por un ser humano a quien una enfermedad le truncó sus sueños, más allá de si estaba o no capacitado para gobernar una ciudad tan compleja y desordenada como Cartagena de Indias.
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