Política

“O levantamos cabeza o nos terminamos de hundir”: Mónica Rolong

La precandidata a la Alcaldía de Cartagena por firmas habló sobre su propuesta alternativa y sobre los factores “que tienen sumida a la ciudad en una crisis”.

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OMAR ANDRÉS CARRASQUILLA LEÓN
27 JUN 2023 - 03:40 PM

Mónica Rolong, precandidata a la Alcaldía de Cartagena. // Luis Herrán - El Universal

Mónica Rolong, una abogada cartagenera de la Universidad de los Andes, quien ha vivido y ha estudiado en el Reino Unido, Bélgica y Estados Unidos, quiere llegar a la Alcaldía de Cartagena mediante la recolección de firmas, y así trabajar con vocación por la ciudad. Dentro de su nutrida experiencia profesional está ser asesora de despacho en el Ministerio de Comercio Exterior y agregada del Ministerio de Comercio en la Misión Permanente de Colombia ante la Unión Europea. Además, estuvo en el equipo negociador del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos.

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Recientemente, volvió a Cartagena con el objetivo de impulsar el empoderamiento político de niñas y mujeres en la Costa Caribe de Colombia y una mayor representatividad de ellas, en órganos del nivel local que deciden las políticas públicas, a través de un proyecto político y electoral, en aras de combatir la crisis que afronta la ciudad.

“Hicimos un esfuerzo honesto por lanzar mi precandidatura mediante la recolección de firmas con un grupo significativo de ciudadanos al que bautizamos “Juventud Heroica”. Escogimos ese nombre, porque tenemos el profundo convencimiento de que es el ímpetu, la fuerza de la juventud cartagenera la que impulsará en esta ciudad una verdadera disrupción al corrupto y disfuncional sistema electoral, a la farsa de democracia que venimos sufriendo los cartageneros desde hace décadas, y que ha llevado a la ciudad a ser una fallida. Lo que padecemos en la actualidad”, afirmó Rolong.

Para la abogada con maestría en políticas internacionales de desarrollo, entre otras maestrías, es una carga “absolutamente desproporcionada” el tener que presentar 50 mil firmas válidas a la Registraduría. “Es exactamente la misma cantidad que se exige, por ejemplo, para una ciudad como Bogotá, que tiene diez veces la cantidad de habitantes de Cartagena”.

“Sinceramente no entiendo cómo a la fecha, nadie ha demandado esta norma ante la Corte

Constitucional. Como si esto no fuera suficiente, en términos prácticos, en realidad es necesario recolectar cien mil firmas, porque resulta que aproximadamente el cincuenta por ciento de éstas son invalidadas por la Registraduría y no se puede correr el riesgo de quedarse por fuera. ¡Calculen la logística y los recursos que se necesitan para recolectar cien mil firmas!”, expresó Rolong.

Y resaltó: “Dicho esto, me gustaría enfatizar en que, a pesar de la larga lista de obstáculos y requisitos poco coherentes o equitativos que las normas exigen para una candidatura como la mía, quiero asegurarle al pueblo cartagenero que voy a recorrer todos los caminos que sean necesarios para poder darles en estas elecciones una alternativa nueva, diferente, limpia, transparente; pero sobre todo, devolverle a la ciudad desde la administración distrital la importancia y relevancia que se merece a nivel nacional e internacional. Una Cartagena libre de corrupción es posible y de la mano con el pueblo estoy convencida de que lo podemos lograr”.

¿Cuál es la principal motivación para meterse en un proceso tan espinoso y, muchas veces, traicionero?

Si le preguntas eso a mis papás y a un número no menor de mis amigos y personas que me conocen, te dirían que debe ser porque estoy loca. Muchas personas no entienden por qué renuncié a una carrera exitosa en el gobierno colombiano y en firmas de abogados nacionales e internacionales, para regresar a Cartagena a exponerme, y tomar riesgos que verdaderamente no necesitaba en mi vida. La respuesta a esta pregunta podrá sonar cliché, pero es la única que tengo: porque siempre supe en mi corazón que era lo que quería hacer con mi vida, y es servir a mi ciudad.

Por eso me he preparado, estudiado y trabajado de una forma juiciosa, transparente y disciplinada para ponerme al servicio de mi ciudad. Cada vez que venía a visitar a mi abuela y a mi familia se me rompía el corazón viendo a Cartagena cada vez peor, azotada por la corrupción, pero, sobre todo, por la mediocridad de sus gobernantes.

Esta es la dura verdad. Haber vivido en tantos países me permitió ver que corrupción hay en todas partes del mundo. La política es sucia y corrupta en todas partes. El que diga lo contrario es un gran ingenuo, o simplemente no conoce. Lo que tiene a Cartagena sumida en la miseria, el desorden, la desesperanza, el desgobierno y el fracaso administrativo no es sólo la corrupción, sino la tremenda mediocridad a la que nos tienen acostumbrados.

La mediocridad aquí se volvió paisaje, es el estándar “normal”. En consecuencia, las expectativas de la ciudadanía frente a las capacidades y competencias de sus autoridades locales tristemente se han venido ajustando a esa mediocridad. Todo es improvisado, folclórico, y sin ninguna clase de planeación ni estadística; mediocre. Empiezan obras que nunca terminan, o que ejecutan mal y quedan ahí, a medias, durmiendo el sueño de los justos.

En otras ciudades de Colombia como Barranquilla y Medellín también hay corrupción, pero sus líderes son profesionales de lo público y con una visión de ciudad ambiciosa. Piensan en grande. Tienen conocimiento y experiencia en políticas públicas. En contraste, las decisiones de ciudad en Cartagena son cortoplacistas, improvisadas; se toman a la ligera, sin conocimiento alguno de políticas públicas; y están mayoritariamente basadas en amiguismos y compincherías, en lugar de criterios técnicos y objetivos. Debo decir, con un poco de tristeza, que parte de la responsabilidad de que esto sea así, la tienen los mismos votantes, porque no han sabido elegir bien.

Yo ofrezco a Cartagena y a su electorado una alternativa real, un producto totalmente diferente, un antídoto a este veneno. Yo soy literalmente todo lo opuesto a la mediocridad a la que nos tienen acostumbrados. La excelencia es lo mío. Admito con orgullo que soy una nerda total desde que en 1993 saqué el Icfes más alto en la historia de mi colegio, el Eucarístico de Manga y en todos los grados que he obtenido posteriormente.

¿Cuáles son los principales ejes de su proyecto político en caso tal resulte elegida?

Si me “gradúo” como candidata y logramos estar en el tarjetón el 29 de octubre, y si ganamos, mi objetivo es darle un vuelco total a la manera mediocre e improvisada como se ha gerenciado esta ciudad. Implementar aquí altos estándares de innovación y eficacia en administración y políticas públicas. Puedo decir sin miedo a equivocarme, que ésta es la única manera de lograr las transformaciones que la ciudad pide a gritos. Mi proyecto más que político, es un proyecto técnico y profesional.

Yo siempre le pregunto a las personas que, si Dios no lo quiera, tuvieran un tumor en la cabeza, quién quisieran ellos que los operara. La respuesta absolutamente todas las veces es “el mejor neurocirujano que haya”. Asimismo, les pregunto que, si van en un avión en plena turbulencia, quién quisiera que aterrizara ese avión. La respuesta es siempre “el mejor piloto”. Pues bien, el mejor gerente público es lo que esta ciudad necesita.

No es momento de ponerse a experimentar ni a ensayar. Einstein decía que la definición de locura es hacer exactamente lo mismo, una y otra vez, esperando un resultado diferente. Aquí hay que dejar de elegir políticos tradicionales o personajes populares con buenas intenciones, pero sin ninguna clase de experiencia relevante.

Esa es una falsa disyuntiva que nos han querido vender. Ni lo uno y no lo otro. No se coman ese cuento. ¡En Cartagena lo que hay es talento y gente preparada! Y además con ganas de trabajar y sacar adelante la ciudad. No tenemos por qué conformarnos con menos. Quiero decirles a esas cartageneras y cartageneros talentosos, muchos de ellos lamentablemente “cerebros fugados”, que, si los astros se alinean a mi favor y soy elegida alcaldesa, que regresen a Cartagena a construir ciudad, porque todos tendrán un lugar en mi administración.

Es urgente profesionalizar el servicio civil de Cartagena. Reclutar a los mejores cerebros locales y ponerlos al servicio del bien colectivo de la ciudad. Urge así mismo, que los ciudadanos le devolvamos al cargo de alcalde o alcaldesa de Cartagena la altura y dignidad que merece y que nunca ha debido perder. Ese pensamiento de que “cualquiera” puede ocupar el escritorio en la

Plaza de la Aduana ha resultado tremendamente dañino para la ciudad, y se pregunta uno, hasta qué punto y cuánto tiempo nos va a tomar reparar el daño que ya está hecho.

Dicho lo anterior, en una ciudad donde absolutamente nada funciona bien, lógicamente todo está por hacer. Por eso, lo último que voy a hacer es limitar o circunscribir mi campaña a uno o dos asuntos. De hecho, desde ya estoy trabajando con mi equipo técnico no sólo en la construcción de programas sólidos en materia de seguridad, movilidad, infraestructura, educación, cultura ciudadana, salud pública, prostitución, patrimonio inmaterial, cambio climático, ciencia; tecnología, cultura, deporte, productividad, competitividad, generación de empleo, y turismo; sino que además estamos preparando una lista de logros o victorias tempranas, que aspiramos materializar en los primeros cien días de gobierno.

Estas medidas atacan las problemáticas más graves y que impactan más directa y fuertemente en la calidad de vida del pueblo cartagenero; tales como la inseguridad, la crisis en la movilidad y la falta de apoyos para estudiar. Mi aspiración es que la gente sienta un respiro, un alivio tan pronto llegue la nueva administración el primero de enero del año entrante. Que se note, que se sienta, que se respire por todos los barrios de las tres localidades, que por fin llegó la autoridad a la ciudad. Cartagena debe dar un salto al siglo XXI. Estamos tarde.

Mónica Rolong, aspirante a la Alcaldía de Cartagena.

¿Por qué se considera la mejor alternativa para combatir los múltiples problemas que hoy aquejan a la ciudad?

Considero que definitivamente soy la mejor alternativa, y la única candidatura verdaderamente independiente que existe a la fecha en la ciudad. Los invito a que revisen las hojas de vida de los demás y me cuentan. Esta independencia me permitirá gobernar con la libertad necesaria. Sin deberle nada a nadie y construyendo las alianzas que sean necesarias para el beneficio colectivo de todos los habitantes de la ciudad. Creo firmemente en un liderazgo desde el profesionalismo y la empatía, y no uno de ataques e insultos. Insisto, si logro graduarme como candidata y soy elegida alcaldesa, utilizaré mi experiencia como negociadora internacional para construir confianza al otro lado de la mesa y lograr consensos con el Concejo.

Este consenso se hará desde un punto de vista pragmático, esta es la única manera de sacar adelante la agenda de la ciudad y recuperar el tiempo perdido por las anteriores administraciones, cuyo desgaste en peleas inanes dejó a todo el mundo hastiado. Lo anterior de ninguna manera significa que seremos alcahuetas de los corruptos. Por el contrario, daremos una lucha frontal a todo el que atente contra el erario de la ciudad. Trabajaremos de la mano con las autoridades judiciales en ello. Seremos especialmente vigilantes en las contrataciones públicas.

Tendremos una política de total transparencia en compras públicas y tolerancia cero para actos corruptos de funcionarios públicos.

Además de esto, mi anhelo es tener una administración cercana al pueblo y a los barrios. Especialmente a los niños y jóvenes. La parte más espectacular de esta campaña de recolección de firmas, y la que me ha hecho más feliz sin lugar a duda, han sido mis visitas a los barrios. Salgo llenita de energía y amor, y con la voluntad renovada de consagrar mi vida a trabajar por

Cartagena. Yo me veo haciendo consejos comunales desde los barrios con todo mi gabinete, y con la participación activa de ediles, miembros de las juntas de acción comunal, y líderes y lideresas barriales.

¿Confía en que llegará al final de la contienda o existe la posibilidad de encontrar afinidad en otro proyecto y adherirte a él?

A mí nunca me ha dado miedo trabajar. He sido vendedora de almacén y de productos Avon, encuestadora, profesora de inglés, traductora de textos legales, niñera, asistente de oficina en un campo de verano y mesera en varios restaurantes. Ser mesera me permitió entender y conocer cómo debe funcionar un restaurante correctamente y cómo un mesero debe atender a los comensales. Esto cambió para siempre mi experiencia como cliente cada vez que voy a comer a un restaurante, porque me doy cuenta de errores e irregularidades que tal vez otros ni ven. Eso exactamente me ocurre con estas elecciones.

Decidí lanzarme a la alcaldía porque sé de primera mano la gravedad del tema, y la importancia de que la persona que ocupe esa silla sepa de lo que está hablando y cuente con el conocimiento y la experiencia que le permita tomar las decisiones adecuadas. Hice el análisis de las opciones que había y rápidamente llegué a la conclusión de que como ciudadana no votaría por ninguna de ellas. También pensé que ante la situación crítica en la que se encuentra Cartagena, el voto en blanco simplemente no es suficiente. Así que decidí lanzarme yo, y aquí estoy.

¿A qué invita a la ciudadanía a reflexionar para las próximas elecciones?

Le digo al pueblo cartagenero que, tal como lo han podido comprobar de la manera más dura, las elecciones tienen consecuencias. La ciudad está en un punto de inflexión: o empezamos a levantar cabeza o nos terminamos de hundir. Asistí hace unos meses a una tertulia con la presencia de la secretaria de Hacienda, Diana Villalba, de la ciudad. Ella explicó que el presupuesto estimado de la ciudad el año entrante es de 3.2 billones de pesos. Repito esa cifra, ¡3.2 billones de pesos! Así que le pregunto al electorado cartagenero: ¿En las manos de quién van a poner ese presupuesto? ¿Van a poner al ratón a que cuide el queso? Yo diría que no.

Pienso que el pueblo despertó y sabe perfectamente quién es quién y a lo que vienen. No tengo yo que decírselos. El 29 de octubre tendrán una oportunidad única y feliz de corregir el curso de la historia de esta ciudad. Por el bien de las futuras generaciones, de sus hijos, y de los hijos de sus hijos, espero que no la desaprovechen. Espero que seamos heroicos, y que votemos bien.

¿A qué se compromete con aquellos que depositen su voto de confianza en usted?

No hay nada que me parezca más falso o “fake” - como dicen los jóvenes hoy en día - que esos políticos que se paraban a gritar discursos, manoteando en la plaza pública y prometiendo lo divino y lo humano. Yo por lo menos, nunca les creí. Pienso que ya nadie come cuento de promesas de campaña. Siendo una persona totalmente coherente en mi pensar y actuar, mal haría yo ahora en hacer lo mismo. Así pues, que no prometo nada. O mejor, lo prometo todo.

Prometo que, si llego a salir elegida alcaldesa, consagraré cada día de los cuatro años que dure mi administración a implementar juiciosamente mi programa de gobierno en todos sus pilares y a trabajar de sol a sol para mejorar la vida de los cartageneros y cartageneras. Eso sí que lo puedo prometer con toda tranquilidad, porque para eso regresé y es exactamente lo que pienso hacer con el favor de Dios y el voto del pueblo cartagenero.

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