Regional

Guameros: “Siervos” sin tierra

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ANÍBAL THERÁN TOM
21 FEB 2010 - 12:01 AM

Salvatore Mancuso, el temido jefe paramilitar cordobés, fue visto en El Guamo (Bolívar), municipio que sirvió de guarida a las autodefensas por más de 10 años, en varias ocasiones cuando llegaba a tomar alimentos y a dormir, después de visitar las fincas que tenía en la zona, la misma donde hubo desapariciones, asesinatos y robos. Por esa razón, este municipio de Montes de María fue declarado por las autoridades zona roja. Allí la factura paramilitar, primero al mando de “El Chuzo” desde 1995, un individuo escurridizo, de pelo crespo y mirada fría, que ordenó muchos asesinatos brutales, y que ayudó, con sangre y miedo, a que su jefe Mancuso adquiriera propiedades de tierra extensas (más de 3.000 hectáreas) desde la zona baja de El Guamo, que colinda con el Río Magdalena, hasta la montaña donde se encuentra el poblado. En El Guamo también concentró su mando Sergio Manuel Córdoba Ávila, alías “El Gordo” y “Caracortada”, y otros delincuentes temibles que sembraron horror en los campos más fértiles de los Montes de María. En ese pueblo hay cientos de víctimas que reclaman la ayuda estatal, pues la pobreza los golpea cada vez más y no tienen a quién recurrir, salvo a Dios y a su justicia divina. Una mañana diferente La mañana del jueves 18 de febrero pasado fue diferente en El Guamo porque por primera vez, las víctimas hablaron, denunciaron y lloraron en público a sus muertos, minutos antes de que funcionarios de Acción Social iniciaran una audiencia para entregar los predios que, con horror y sangre, obtuvo Salvatore Mancuso, a la Sociedad de Activos Especiales (SAE), que administrará los bienes incautados al narcotráfico, paramilitares y guerrilleros para reparación de las víctimas. A la audiencia, en un salón de la Alcaldía, asistió el alcalde del Guamo, José Joaquín Miranda; Aquiles Serje, depositario de los predios de Mancuso; y funcionarios de Incoder y otras instituciones del Estado. Afuera, medio centenar de labriegos de Robles, Nervití, Tasajera, La Enea y otras veredas de El Guamo portaban pancartas, en las que le pidieron al Presidente Uribe que les dejara seguir trabajando las tierras que Mancuso había entregado para reparación. “Aquí sí hay víctimas de Mancuso. No nos quiten las tierras, no nos sigan matando”. Por más de dos horas, los funcionarios de Acción Social, de la Sociedad de Activos Especiales (SAE), el Alcalde de El Guamo y los campesinos presentes discutieron por la ocupación de los bienes que entregó Salvatore Mancuso. Los de Acción Social indicaron que los predios debían estar desocupados para entregarlos a la SAE, entidad que, como lo ordena el Gobierno, decide si venderlos, entregarlos o arrendarlos para reparar a las víctimas de Salvatore Mancuso. Pero dejaron claro que son las víctimas que Mancuso reconociera, y dijeron no saber si el jefe paramilitar detenido en los Estados Unidos había informado sobre víctimas en El Guamo. Entonces, el representante de la SAE dijo que no podía recibir las tierras si estaban ocupadas, y que su intención no era polemizar con los campesinos, quienes, aclaró, basado en la ley, deberán salir de esos predios. El Alcalde de El Guamo intervino para referirse a las familias que ocupan el predio y quienes no tienen donde cultivar. Pero también reconoció que como autoridad debe cumplir la ley y pidió a Acción Social que busque la forma de dirimir este impase, que puede desencadenar en un gran problema. Que entreguen tierras Aquiles Serje, depositario de los predios Villa Amalia, El Chimborazo, San José, El Carare y El Bongo, cabeza visible de la Asociación Campesina de El Guamo, compuesta por 117 familias, muchas de las cuales fueron víctimas de los paramilitares, no cumplió el cometido de Acción Social de lograr la desocupación de las fincas que aún pertenecen a Mancuso. “Y es que como guamero me duele que estas tierras las vendan y ese dinero lo usen para reparar víctimas de otras partes. Aquí hay víctimas de los paramilitares que merecen ser reparadas. Por eso pedimos que nos dejen esas tierras a los campesinos, por un tiempo, mientras se dirime el conflicto y presentamos una propuesta para proyectos productivos”, pidió Aquiles a los funcionarios de Acción Social. *** Al igual que Siervo Joya, protagonista de la novela “Siervo sin Tierra”, de Eduardo Caballero Calderón, cientos de campesinos en El Guamo han luchado toda la vida por tener una parcela para cultivar con independencia y vivir de ella en paz. Y la hallaron, precisamente en los predios que abandonó Mancuso hace más de seis años y que posteriormente entregó para reparación de víctimas, pero ahora la Ley de Justicia y Paz no los favorece. Por esa razón, le piden al Presidente Alvaro Uribe que intervenga para que se los entreguen, porque en El Guamo sí hay víctimas de Mancuso. Retratos de las víctimas de los paras Mientras se desarrollaba la reunión, muchos de los “Siervos sin tierra” desnudaron su alma y contaron la barbarie que vivieron y de qué forma los afectó la violencia paramilitar. A unos les mataron sus seres queridos y a otros los dejaron en bancarrota. Sergio Manuel Rosellón Yepes, a sus 72 años, quien para 1995 era un hombre acomodado y tenía una pequeña lechería, confiesa que los paramilitares, quienes además le asesinaron un hijo, lo dejaron sin un peso. “ ‘El Chuzo’ me quitó $3 millones de pesos por allá en 1997, después Sergio Manuel Ávila “El Gordo”, me quitó 20 vacas paridas dizque porque era una orden de su jefe, Mancuso. Al mes, se llevaron tres vacas gordas y tres terneros porque las necesitaban para comprar armamento. Además de la leche que producía, mandaban a buscar la mitad y de lo que me pagaban todos los sábados por venta de leche, debía entregarles $100.000 en tarjetas para teléfonos celulares que debía darles todos los viernes. Mire, ellos un día llegaban y decían: “Hoy tenemos ganas de comer gallina, y se llevaban cinco. Así me acabaron una cría de más de 50 animales. A raíz de eso quedé mal con Caja Agraria y el Banco Agrario. Ahora soy pobre, viejo, enfermo y me dejaron limpio. Este fue el peor mal que llegó aquí. La guerrilla no era tan mala. Ahora soy flojo y vivo atenido a mis hijos. Esta no fue la vejez que desee tener”, dice. Sergio Manuel Rosellón Yepes aplica la lógica para decir que no es posible que las tierras que entregó Mancuso en El Guamo, ahora las vendan y esa plata la use el Gobierno para otras cosas. ¿o es que aquí no hay víctimas? *** La tarde del 10 de marzo de 2002 se supo de la muerte de Ilba Lucía Serrano, una joven con problemas mentales que a cada rato salía de El Guamo a caminar, dicen sus parientes, cuando la luna estaba nueva. Diomedes Jacinto Serrano Barrios, su padre, dice que a Ilba Lucía, a quien define como una criatura indefensa, le pegaron un tiro nada más porque les dio la gana, por órdenes de “El Gordo”. “Ya ese tipo reconoció el crimen, claro sin dar explicaciones, pero el Estado no ha cumplido con la reparación. Yo siempre he sido campesino, pero no tengo tierras y por eso hace varios años me metí con mis hijos, quienes están jóvenes aún, a las tierras que abandonó Mancuso y allí cultivamos lo que nos comemos. Es duro ahora tener que devolverlas. No entiendo al Gobierno, si nos sacan de allí seremos más pobres”. *** Abel Antonio Ávila Vergara, de voz débil y apagada, cuenta que en 2003 los paramilitares le asesinaron un hijo sin razón alguna. “Abel José Ávila Vergara, mi hijo, tenía 19 años para ese entonces y se fue a trabajar a Cartagena. Pero como buen hijo venía a visitar a sus padres y a traernos una ayudita cada 15 días. Pero ellos se lo prohibieron, pues aquí si los paramilitares decían no puede venir, así era. Mi hijo, un buen muchacho, les pidió que le permitieran volver, pero le dijeron, entre risas y burlas, que no. Al mes volvió y se lo llevaron para la finca Las Pampas. Allá lo mataron. Nunca ha habido justicia, a pesar de que ya reconocieron ese crimen. Nos dañaron la vida y ahora el Gobierno quiere quitarnos las tierras”. *** Los ojos de Alvaro Luis Trocha Barrios, de 40 años, se llenan de lágrimas cuando recuerda a su hermano Gardis Enrique, quien fue asesinado por un paramilitar que se ofendió porque se lo quedó mirando. “Hace trece años, Gardis y yo estábamos tomando cerveza en una cantina cuando pasó varias veces un paramilitar con una pistola en la mano, montando caballo. Iba a toda prisa. Nosotros, como todo el que estaba allí, nos lo quedamos viendo cuando entró a la cantina. Le despacharon tres cervezas, que se tomó una detrás de la otra y entonces gritó: “¿Quién es el más macho aquí, para pegarle un tiro?” Nadie dijo nada. Todos se quedaron inmóviles, incluso mi hermano y yo. Volvió a sacar el arma y entonces se acercó hasta donde estábamos y le pegó con ella a mi hermano por la cara. Volvió a golpearlo en varias ocasiones y le pegó un tiro en la cabeza y otros dos en el pecho. Mientras yo gritaba, también me disparaba, pero gracias a Dios no me dio. Después de eso, volvió a gritar: ‘partida de maricas’, y se fue en su caballo. Yo corrí con Gardis hasta el Hospital, pero allá murió. Esa muerte se perdió, nunca ha habido reparación”. Alvaro Luis también ocupa una parcela en una de las fincas que dejó Mancuso y dice que si lo sacan ahora, perderá su cultivo, lo único que tiene para vivir. *** Alexander García Padilla, un joven campesino que a veces pesca, vive en Robles, corregimiento de El Guamo. Cuenta que en 1999, los paramilitares al mando de “El Chuzo” asesinaron a su tío Aldebrando Padilla, nada más porque se negó a darles plata. “Él estaba viendo un partido de fútbol junto a casi medio pueblo y entonces llegaron en una camioneta varios hombres armados, quienes al bajarse, obligaron a mi tío a subir. Lo doblegaron y enseguida aceleraron el carro. Pero mi tío se tiró, por lo que ellos lo asesinaron de varios balazos y lo dejaron allí. Nunca hubo explicación”. Alexander tiene tres hectáreas cultivadas de maíz y otro pedazo de tierra sembrado de yuca, en una de las fincas que Mancuso entregó a Acción Social. Dice que de allí lo sacan muerto. *** Amparo Lucía Plata Rodríguez sufre por culpa de los paramilitares. En el año 2000, a ella le mataron a su sobrino Juan Carlos Trocha en una finca cercana a Zambrano. Supuestamente, dice, él trabajaba en una finca para unos paras y para no pagarle, lo asesinaron. “Nos dicen que a Juan Carlos y a otras 20 personas los acribillaron y después los hicieron picadillo y se los dieron de comida a unos cocodrilos. Nunca hemos obtenido reparación del Estado”, dijo. Llorando, la mujer contó que dos años después, los paras mataron a su otro sobrino, John Trocha Ramos, en la finca Las Pampas. “Nunca han dado explicación”. Ella participó en la protesta campesina del jueves pasado y advierte: “Por eso respaldo a estos hombres a que ocupen esas tierras que dejó Mancuso”. *** A Gina Vergara Villalba no se le ha olvidado la noche de abril de 1996, cuando un grupo de paramilitares sacó de su casa a su madre, Rosa Rebeca Villalba, y a su hermano, Baldovino Vergara Villalba, los asesinó, y los tiró al Río Magdalena. “Esa noche en Tasajera, corregimiento de El Guamo, desaparecieron a cuatro personas y lo peor es que aún, 14 años después, nadie sabe por qué razón. Esta violencia acabó con nuestras vidas”. ¿Quién es ‘El Chuzo’ y quién es el ‘Cara Cortada’? Edwin Manuel Tirado Morales, más conocido como ‘El Chuzo’, hizo parte del grupo de hombres que Salvatore Mancuso seleccionó para conformar la primera estructura paramilitar en Córdoba. ‘El Chuzo’ ha dicho que en 1991, cuando Mancuso era ganadero, reunió a doce ex soldados del Ejército recomendados por sus comandantes, en la hacienda La Capilla, de propiedad de su ex esposa, Marta Dereix. En ese sitio, Mancuso les entregó radios y unas cuantas armas, y les encomendó la protección de una docena de fincas de propiedad de ganaderos de Córdoba. Fue durante 8 años guardaespaldas de Mancuso. Era su sombra y administraba varias de sus fincas en El Guamo y otras regiones. Tenía licencia para matar. Sergio Manuel Córdoba Ávila, alias “El Gordo”, “120” o “Cara Cortada”, fue jefe de la estructura paramilitar que operaba en Montes de María por casi cinco años, desde principios de 1998 cuando relevó a “El Chuzo”. También era un hombre de confianza de Salvatore Mancuso. Se dice que junto a otros paramilitares al mando de Parménides Orózco, robó más de 5.000 cabezas de ganado, que luego ingresaban a los predios de Mancuso. Ha confesado más de 100 muertes desde 1998 hasta agosto de 2002, cuando lo capturaron. Dijo en una de las audiencias de Justicia y Paz que “la orden de su jefe, Salvatore Mancuso, fue mantener la zona ‘caliente’ y asesinar entre quince y veinte personas diariamente”. Sergio Manuel Ávila Córdoba era de la confianza de Salvatore Mancuso Gómez, le administraba las fincas El Chimborazo, San José, El Carare, Villa Amalia, Las Pampas y El Bongo, alrededor de tres mil hectáreas, en jurisdicción de El Guamo.

Más de un centenar de campesinos víctimas de la violencia paramilitar protestaron porque Acción Social pide que desocupen los terrenos que Mancuso entregó en El Guamo para la repación de víctimas.

El alcalde de El Guamo, José Joaquín Miranda, junto a los funcionarios de Acción Social, durante la reunión.

Aquiles Serje, quien fuera depositario de las tierras de Mancuso.

“Estoy vivo porque les dí todo lo que me pidieron, sino los paras me asesinan”: Sergio Manuel Rosellón Yepes.

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