En Ballestas, corregimiento de Turbana a 2 kilómetros de la Variante Mamonal – Gambote, hay muchas necesidades que deben ser atendidas, pero pasan desapercibidas ante los ojos de la clase dirigente.
Sus habitantes soportan toda clase de problemas y, a pesar de las quejas insistentes, nadie hace algo para solucionarlos.
Una dificultad es la vía de acceso al pueblo, que con el paso de las lluvias quedó convertida en un barrizal. En el lugar se almacenan lagunas, imposibilitando el tránsito de vehículos.
Antonio Pérez Marrugo, lugareño, refiere que el arroyo Lorenzo cuando se crece se desborda y deja incomunicado al corregimiento, debido a que las corrientes se toman la vía.
Los moradores de Ballestas manifiestan que otra necesidad es la falta de pavimentaciones de las calles.
“La situación es critica. No es posible recorrer las calles con tranquilidad, ya que invierno y verano están llenas de huecos”, comenta Marrugo.
Arritmia en la salud
El puesto de salud, que está junto a la iglesia San Francisco, permanece más tiempo cerrado que en servicio.
La infraestructura del centro asistencial está deteriorada y las paredes están mugrientas. Además, el techo se está cayendo a pedazos y el agua se empoza en todo el frente, incomodando a los usuarios.
Pobres y a oscuras
Rebeca Marrugo, quien lleva más de 60 años de vivir en Ballestas, dice que pasaron de ser un poblado muy próspero a un pueblo “mísero y fantasma” al que pocos quieren visitar.
La sexagenaria dice que al corregimiento no le invierten recursos desde hace varios años, por lo que pide, a nombre de su comunidad, apoyo para salir adelante.
Ballestas es un pueblo que cuando cae el sol la gente cierra las puertas de sus residencias, pues temen que con la oscuridad reinante lleguen delincuentes a irrumpir la tranquilidad.

