A Agustín Marrugo Paternina el destino le jugó una mala pasada y le tocó volverse un visitante asiduo del cementerio municipal de Turbana.Recuerda que hace unos seis años, mientras su hijo Jeider Marrugo Quintana prestaba el servicio militar en el Chocó, en unos hechos que él dice aún no conocer con claridad, perdió la guerra contra la muerte mientras se jugaba la vida por la seguridad de los colombianos.
“Mi hijo era un muchacho muy alegre, muy divertido y se mostraba muy contento cada vez que llamaba. Sus llamadas siempre nos ponían contentos a su madre y a mí, porque siempre sabíamos que estaba muy bien”, dice mientras camina por una de las callecitas del camposanto empujando una carretilla con va-rios galones de agua.
Fue un momento muy duro porque en esa oportunidad quien los llamó fue una teniente del batallón al cual pertenecía Quintana Marrugo. “Llamaron a Eufemia, mi señora, y le dijeron que nuestro hijo había muerto. Hasta la presente no conocemos en realidad qué fue lo que pasó”, reiteró este personaje de Turbana, conocido como “Tilín Tilán”.
Al joven militar lo trasladaron para esta población y fue sepultado en el cementerio municipal.
“Tilín Tilán” comenzó a ir con mucha frecuencia a visitar la tumba de su hijo para arreglarla, ponerle flores y tratar de embellecerla un poquito. Una que otra vez también se le daba por arreglar otras tumbas.
Eso lo hacía sin ningún tipo de interés, le nacía hacerlo. Ver el cementerio bien acondicionado era algo que se le iba convirtiendo en una obsesión.
Desde hace dos años se entregó de lleno al cuidado del único cementerio de Turbana. Mucha gente, según él, le pregunta por qué lo hace. A lo que él res-ponde: “Por amor a mi hijo muerto”.
Dentro de sus trabajos en el camposanto está el de mantener las bóvedas, la pintura, y limpiar los nichos. Además de eso arregla los accesos a las tumbas.
“Yo lo hago por amor. Muchas personas me regalan unas moneditas pues reconocen el trabajo. Hay quienes muy amablemente hasta me traen sus mate-riales y yo les ayudo con sus bóvedas”, señala “Tilín Tilán”.
Cada día tiene un trabajo que hacerle al cementerio, para él es algo que lo llena de satisfacción. Ver a los familiares de los difuntos contentos cada vez que visitan las tumbas, también lo llena de felicidad. “Esto creo que es voluntad de mi hijo y ver a la gente contenta me llena de regocijo y satisfacción. Eso me ha-ce pensar que mi hijo también se pone contento desde el cielo y le gusta lo que yo hago por la gente”.
“Tilín Tilán” es un convencido de que en el más allá los difuntos también deben sentirse contentos.
“Yo no sé, pero me imagino que ellos deben sentirse muy bien. Es por eso que aquí en Turbana ya mucha gente me comienza a llamar el ‘ángel de los muertos’, todo porque me dedico a cuidar las tumbas”.
Su compañero el vigilante
Martín Barrios Pérez, el único vigilante que tiene el cementerio también exalta la labor de ‘Tilín Tilán’ y dice que se ha ganado la admiración de muchos turbaneros.
Sin embargo, cree que el trabajo que hace este personaje merece más reconocimiento.
El vigilante dijo que ya se dio una fumigación del cementerio y que el horario de atención es de 8 a.m. a 6 p.m., toda vez que en la noche no hay quien lo cuide.
“Falta el encerramiento del camposanto. Es necesario que hagan el encerramiento para evitar él transito de personas ajenas”, dijo el vigilante.
Por ahora sólo espera que el ‘ángel de los muertos’ lo siga acompañando por mucho tiempo.
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