Hace 17 años, Carmen Miranda Hernández tomó las riendas de la fabricación de casabe en su natal Arjona. Es la única, de la última generación de su familia, que se dedica a deleitar a miles de personas con este tradicional producto que aprendió a preparar gracias a su madre, Elizabeth Hernández.
(Lea: Es ciego, pero conoce a las mujeres bonitas por su olor)
La paciencia y dedicación que Carmen le pone a cada preparación la heredó de su progenitora, quien en vida fue una de las más destacadas en la elaboración de este producto, junto a Juana Torres, Sixta Pérez y Andrea Nieto. Ellas, eran las que marcaban la pauta en la comercialización del casabe en este municipio de Bolívar.
“Acompañar a mi mamá en cada preparación hizo que me aprendiera la receta, le cogiera amor, y siguiera con esta tradición familiar que se ha convertido, en todo este tiempo, en mi fuente de economía”, cuenta Carmen mientras prepara la masa para los casabes.
Te puede interesar:
75 años del Comando de las Fuerzas Militares de Colombia: historia y operaciones
Para conocer todo sobre este producto, llegué hasta el sitio de trabajo de Carmen: su casa, la cual está ubicada en la segunda calle del barrio El Ceibal. Son las 3 de la tarde del viernes 5 de noviembre. Me recibe con mucho cariño y me invita a pasar a su vivienda. Recorremos todo el pasillo hasta llegar al patio, donde en un amplio quiosco de palma tiene instalado un exprimidor, un molino y un horno artesanal, sus herramientas de trabajo.
“Después, la yuca rallada se seca con un exprimidor. La pongo en el pilón y la trabajo hasta que va tomando un estado harinoso. Lo que sigue es ponerlo en el cernidor para que lo convierta en harina fina lista para ponerla a asar”, explica, mientras envuelve algunos casabes que debe entregar.
¿A qué hora te levantas para hacer todo este proceso?, le pregunto, y responde que su rutina diaria es levantarse a las 3 de la madrugada y terminar su trabajo a las 4 de la tarde.
“En este arte debo ser cuidadosa, no podemos descuidarnos porque se quema y no sirve. Lo otro a tener en cuenta, es que el hecho de estar al pie de un horno por más de cuatro horas es pesado, eso me obliga a tomar precauciones con mi salud, ya que no puedo mojarme, porque me puede afectar. Es un trabajo dispendioso. Solo lo preparo los lunes, miércoles y viernes. La gente viene y me encarga el producto con antelación”, explica Carmen, quien hace más de 350 tortillas, las cuales tienen un valor de $200 pesos.
Carmen comenzó a preparar los casabes después de la muerte de su madre, en 2004. Pese a que sus tres hijos le piden que no continúe con estas preparaciones, ella siente que no puede dejar de hacerlo, pues no quiere que el legado familiar se pierda.
“Esto es cuestión de preservación cultural. Siempre me gustó hacer casabe, muy a pesar de que en Arjona, abunden las personas que les gusta hacer bollos, buñuelos, natillas, cocadas, queso y suero. Pienso que es una delicia hacerlo y deleitarlo”, finaliza. Y añade: “Quiero seguir dándole continuidad a este arte y seguir los caminos de mi madre hasta que se pueda”.