Matié no es solo un proyecto agrícola ni una estrategia institucional. Es una semilla sembrada en territorios marcados por el conflicto, el desplazamiento y la exclusión, que hoy florece en forma de oportunidades, autonomía y reconciliación con la tierra. Desde julio de 2024, esta iniciativa liderada por la Gobernación de Bolívar, la Fundación Granitos de Paz y un grupo de mujeres que creyó en el proceso, ha transformado patios, economías y, sobre todo, historias de vida.En esta entrevista, la Primera Gestora Social del departamento, Angélica Salas, reflexiona sobre el origen, el impacto y el futuro de Matié, un proyecto que apuesta por las mujeres como protagonistas del desarrollo y la construcción de paz del territorio.

1. Cuando uno lee las historias de Matié, siente que no se trata solo de huertos o producción, sino de algo mucho más íntimo. ¿Qué significa Matié para usted, más allá del proyecto institucional?
Matié es un proyecto que dignifica a la mujer bolivarense. Ha sido un vehículo para conocer las historias que hay detrás de las manos que hacen florecer nuestra tierra. Nos ha permitido ponerle rostro a mujeres que durante años fueron invisibilizadas; mujeres que soñaban con salir adelante y que hoy tienen esa posibilidad.
Actualmente, Matié ha beneficiado a más de mil mujeres en sus dos fases. Representa la oportunidad de volver a confiar en lo que son capaces de hacer y de reconciliarse con la tierra y con su propia historia.
Verlas recibir con dedicación cada taller —desde manipulación de alimentos, equidad de género, marketing y redes sociales—, cultivar la tierra y participar activamente en cada etapa del proceso, me llena de alegría y orgullo. Ellas decidieron hacer historia en el departamento, comenzando por transformar la suya.
2. ¿En qué momento nace Matié y desde qué necesidad concreta del territorio se empieza a construir este proyecto?
Matié nace en 2024 como respuesta a una realidad persistente en los Montes de María y la Mojana bolivarense: mujeres que, pese a haber sostenido a sus familias en medio del conflicto armado y el desplazamiento, seguían enfrentando inseguridad alimentaria, falta de ingresos y exclusión económica.
Este proyecto se construyó escuchando al territorio. Junto a mi esposo, Yamil, identificamos que muchas mujeres tenían un enorme potencial para la agricultura, en zonas con clara vocación productiva. Conectar esos saberes y capacidades podía generar un impacto real no solo en las mujeres, sino también en sus familias y comunidades.
Esa idea la plasmamos en el Plan de Desarrollo “Bolívar Me Enamora”, convencidos de que la paz también se cultiva. Por eso apostamos por proyectos que generan autonomía económica y promueven el emprendimiento femenino. Les brindamos acompañamiento integral: apoyo para la formalización ante el Invima, entrega de maquinaria, fortalecimiento de procesos productivos y, sobre todo, escucha y cercanía. Caminamos junto a ellas.

3. Las protagonistas de Matié son mujeres que han vivido el conflicto, el desplazamiento y la invisibilidad. ¿Qué ha aprendido usted de ellas en este proceso?
He aprendido que la resiliencia se vive en lo cotidiano y en cada acto de servicio. Estas mujeres me han enseñado que, incluso después de perderlo todo, siempre es posible volver a empezar. Su capacidad de organizarse, de cuidar la vida y de transformar el dolor en fuerza colectiva es una lección profunda de liderazgo, dignidad y amor por el territorio.
Con ellas seguimos aprendiendo y desaprendiendo. A través de capacitaciones, fortalecimiento de unidades productivas y acompañamiento a sus siembras, continuamos trabajando para que cada una de sus ideas pueda materializarse.
4. Matié no solo enseña a sembrar alimentos, sino a sembrarse a sí mismas. ¿Cómo se construye esa confianza que muchas de estas mujeres habían perdido?
La confianza se construye con presencia constante, reconociendo sus saberes y empoderándolas. Generamos un diálogo entre su conocimiento ancestral, su talento y los procesos técnicos necesarios para fortalecer su trabajo.
Gracias al trabajo colectivo con la Fundación Granitos de Paz, hemos visto resultados concretos, no solo en sus patios productivos, sino en ellas mismas. Unidas y con constancia, van recuperando la certeza de que sí pueden, de que su trabajo tiene valor y de que su voz importa.
5. Hoy sus productos llegan a restaurantes, hoteles y hogares. ¿Qué representa para ellas —y para Bolívar— que lo que nace en un patio pueda llegar tan lejos?
Para ellas, y para mí, es un motivo de profundo orgullo. Es la prueba de que su trabajo tiene calidad, valor y futuro. Para el Bolívar que estamos construyendo, representa un modelo de desarrollo con raíces locales, donde la economía campesina y el liderazgo de las mujeres se convierten en motores de paz y sostenibilidad.
Con Matié hemos demostrado que desde lo comunitario se puede impactar en restaurantes, hoteles y supermercados. Incluso hemos tenido experiencias exitosas con chefs como Juan del Mar y Jaime Galindo, donde ellas aportan todo su talento, sus cultivos y su sazón para la creación de platos de talla internacional.

6. Cuando piensa en el Bolívar que se está construyendo hoy, ¿qué lugar ocupa Matié dentro de esa visión de futuro?
Matié ocupa un lugar muy especial en mi corazón. Es una muestra concreta del Bolívar que queremos: un departamento que pone la vida en el centro, que prioriza a las mujeres, su autonomía económica y sus sueños; que reconoce su papel como constructoras de paz y entiende que el desarrollo no se mide solo en cifras, sino en bienestar y cohesión social. Matié es semilla de futuro, y sus frutos ya están transformando el presente.
Desde los patios productivos hasta las cocinas de restaurantes reconocidos, Matié demuestra que cuando las mujeres tienen oportunidades reales, el territorio florece con ellas. Más que un proyecto, es una apuesta por la dignidad, la memoria y la esperanza de un territorio que se cultiva desde lo comunitario y se proyecta hacia un futuro más justo y sostenible.
