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Semana Santa en Bolívar: sabores, memoria y tradición que saben a hogar

En María La Baja, la Semana Santa se vive entre fogones, familia y recetas que guardan memoria, identidad y tradición colectiva.

Semana Santa en Bolívar: sabores, memoria y tradición que saben a hogar

Los sabores, memoria y tradición son la muestra de que las tradiciones permanecen a pesar de que nosotros estemos en constante cambio // Foto: cortesía Yamilet Rodríguez.

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La Semana Santa, no solo es un tiempo de reflexión y espiritualidad, sino también de recuerdos para muchos, en especial para mí. Este tiempo se vive con diferentes matices; en cada rincón de Bolívar, cada tradición se despliega. En mi caso, la vivo desde María La Baja, Bolívar.

Este municipio acuícola y agricultor, ubicado a unos 72 kilómetros de Cartagena, es muestra viva de las tradiciones que se pueden experimentar en esta época. Una fecha que se vive en espíritu, pero también a través de la gastronomía. Aquí, las casas se llenan de sabores tradicionales que resaltan la riqueza culinaria del territorio.

Los platos tradicionales y la compañía son los protagonistas en la celebración espiritual // Foto: cortesía - Deyci Urbina.
Los platos tradicionales y la compañía son los protagonistas en la celebración espiritual // Foto: cortesía - Deyci Urbina.

Sabores tradicionales de Semana Santa en María La Baja

Delicias que inundan el paladar son, en esencia, una forma de expresar la fe. Dulces que acompañan las historias que, por horas, se comparten con familiares que llegan desde lejos para reencontrarse en esta tradición. Cada sabor, cada mezcla, cada degustación es una muestra de familiaridad y cercanía.

Los platos no solo alimentan el cuerpo, también conectan generaciones. En cada receta hay una herencia, una enseñanza transmitida sin prisa, con la paciencia que solo dan los años y el amor por lo propio.

Dulce de papaya, una experiencia de sabores que se vive en Semana Santa. // Foto: cortesía
Dulce de papaya, una experiencia de sabores que se vive en Semana Santa. // Foto: cortesía

Tradiciones familiares que se mantienen en el tiempo

Al hablar de cercanía y familiaridad, inevitablemente regreso a mis recuerdos de infancia. Ahí, en el patio de la casa de mi abuela, junto a mis tíos maternos, escuchando historias mientras cada uno aportaba algo a la mesa. Esta fecha es un tiempo en el que el intercambio —de alimentos, de palabras, de afectos— se vive a flor de piel.

No era necesario un motivo adicional: bastaba con la llegada de Semana Santa para que la casa se llenara. Las risas, los cuentos y las anécdotas eran tan protagonistas como los platos que se preparaban.

Los platos tradicionales y la compañía son los protagonistas en la celebración espiritual // Foto: cortesía - Deyci Urbina.
Los platos tradicionales y la compañía son los protagonistas en la celebración espiritual // Foto: cortesía - Deyci Urbina.

Preparación de platos típicos en fogón de leña

La jornada inicia desde muy temprano, a las 3 o 4 de la mañana. Las personas comienzan a levantarse para preparar los alimentos, muchos de ellos cocinados en fogón de leña. Ese detalle no es menor: el humo, el calor y el tiempo aportan un sabor único que difícilmente se replica en la cocina moderna.

Platos como el arroz con coco, el pescado frito, las ensaladas de remolacha y el pollo criollo hacen parte de esta tradición culinaria. Por supuesto, no debemos olvidar los dulces, mezclas hechas con precisión y dedicación para darle el toque dulce a esta festividad. Cada preparación lleva su ritmo, su técnica y su historia.

En mi memoria permanece la imagen de mi abuela junto a mis tías, organizando todo con precisión, mientras los más jóvenes ayudábamos en lo que podíamos. No era solo colaborar, era una forma de pertenecer, de aprender, de ser parte activa de algo.

La Semana Santa en Bolívar como experiencia cultural y emocional

La Semana Santa tiene un sabor a casa, a familia, a pueblo. Huele a madrugada, a leña encendida, a café recién hecho. Es una experiencia que va más allá de lo religioso; es profundamente cultural y emocional.

Es el momento en el que las distancias se acortan, en el que quienes están lejos regresan, aunque sea por unos días. Es también una pausa en medio de la cotidianidad, una oportunidad para reconectar con las raíces.

Las tradiciones no necesariamente evolucionan al mismo ritmo que nosotros; permanecen, resisten y se adaptan. Somos nosotros quienes cambiamos, quienes nos movemos, quienes nos transformamos. Sin embargo, cada vez que volvemos a ellas, encontramos un punto de equilibrio, una forma de recordar quiénes somos y de dónde venimos.

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