Bolívar


Un Bolívar para ver y contar: Pinillos, una experiencia singular

Viajar a Pinillos es emprender un viaje a la naturaleza exuberante en el entramado de ciénagas, y la música de tamboras.

GUSTAVO TATIS GUERRA

31 de diciembre de 2019 12:00 AM

En Pinillos suena desde hace más de tres siglos, una tambora al pie del río. Detrás del puerto, alguien enhebra atarrayas, pesca, siembra o talla a pulso un tambor para la fiesta.

Es la tierra encantada de los indios malibúes, del genial Crescencio Salcedo, juglar descalzo, autor de La Múcura y Mi Cafetal, un genio musical que nació en Palomino, a dos minutos del puerto. Su partida de bautismo está en Pinillos, y la plaza principal lleva su nombre.

Es también la tierra de Manuel Francisco Obregón, Casio Obregón Nieto, de los grandes decimeros Domingo Ramírez y Nilson Sánchez Rodríguez, del pintor y escultor Manuel Darío Cañaveras Oliveros, del poeta Lewis Rangel Olivero, de las cantadoras Margarita Quevedo y del boga José Carvajal, de 110 años. El rey Momo del Carnaval de Barranquilla, es el pinillero Alfredo Sosa.

Los cantos de la tambora siguen despertando a niños, jóvenes y adultos mayores. Es una memoria que amerita ser rescatada y grabada para las nuevas generaciones. Los estudiantes del colegio de bachillerato Manuel F. Obregón, dicen que Pinillos necesita espacios deportivos y culturales, porque el único lugar de encuentro social y comunitario es la Biblioteca Pública de Pinillos, que dirige con ejemplar dinamismo Jesús Rodríguez. Fausto Cañaveras preside la Fundación Guadua Vieja e impulsa el grupo de danzas infantil y juvenil que preserva la tradición folclórica. Los pescadores que tienen más de medio siglo, creen a pie juntillas, porque lo han visto, que en medio de la noche en el río aparece siempre una luz relumbrante y cegadora que embiste a los pescadores, y creen que es el espíritu del Mohán que se enamora de las mujeres y espanta a los pescadores, pero ellos, para desafiarlos, como el difunto Aniceto Rangel se le plantó a la luz. Algunos dicen que fueron tragados por esa luz y no regresaron. Otros pescadores me contaron que desafiaron la luz del espíritu desnudándose y se burlaron de la luz con gestos agresivos y obscenos. La leyenda hizo posible la escultura de Manuel Darío Cañaveras “El pescador y la luz” (1996), que está en el corazón de Pinillos.

¿Dónde hospedarse?

Casas convertidas en hostales y en residencias de paso de viajeros, resuelven la estancia de los turistas que viajan a Pinillos.

Se trata de un servicio aún elemental, digno y confiable, en pleno centro de Pinillos.

La infraestructura hotelera es algo que apenas se contempla para el futuro cercano y lejano.

El turismo en Pinillos es también incipiente. Hay mucho por redescubrir en el paisaje y en la historia de Pinillos.

La ruta del agua

Los paisajes de Pinillos están dentro y fuera del puerto, en su entramado de ciénagas y en sus cerros cercanos. Pinillos es una región de vivencia y cultura anfibia. Un arco iris esplende en el río al atardecer, en los reflejos del agua. La región vive en la paradoja del verano y el invierno.

La creciente es la pesadilla del ganadero y la bendición del pescador. Sus habitantes conocen las veleidades y riesgos del río, y encaran sin recursos, el drama antiguo y la problemática aún no resuelta de pueblos como Armenia, que tiene casas sepultadas en el barro. La ruta del agua es el otro desafío institucional y gubernamental, para explotar como bien común.

La chalupa que nos lleva a Pinillos sale dos veces al día desde el puerto de Magangué. Por la mañana y después del mediodía. Es una experiencia singular. El transporte fluvial depende no del horario sino del número de pasajeros. El paisaje exuberante que usted contempla ha sido recorrido por exploradores del país y del mundo. El general Bolívar recorrió el río Magdalena, reclutando soldados para sus ejércitos. El investigador Orlando Fals Borda lo recorrió para escribir Historia doble de la Costa y Mompox y Loba. García Márquez para escribir su novela El general en su laberinto.

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