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Córdoba

Estudiantes de diplomado conocieron experiencia exitosa en cambio climático

En la vereda El Vichal, zona rural de Cereté, están haciendo una apuesta por los productos orgánicos.

Estudiantes de diplomado conocieron experiencia exitosa en cambio climático

Estudiantes del diplomado en Cambio Climático. // Cortesía

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Un grupo de campesinos del departamento de Córdoba está adelantando una experiencia exitosa, encaminada a evitar el deterioro de la tierra y por ende, a minimizar los impactos que está generando el cambio climático en el mundo.

Hasta ese lugar, ubicado en la vereda El Vichal, zona rural del municipio de Cereté, llegaron los estudiantes del Diplomado en Cambio Climático para Comunicadores, liderado por los ministerios de Ambiente, de Agricultura, DNP, la Cooperación Técnica Alemana para el Desarrollo GIZ y Uniminuto en el marco del programa ProNDC, con el fin de conocer lo que está haciendo la Asociación de Mujeres Campesinas Emprendedoras de Rabolargo, lideradas por Delma Díaz Martínez, una mujer de arraigo campesino.

El proyecto lo adelantan en uno de los predios entregados por la Agencia Nacional de Tierras, luego que fueran expropiados a los terratenientes que se habían apoderado de los mismos, pese a que eran zonas baldías y además una reserva natural, pues allí estaba la ciénaga El Vichal, la cual fue desecada, para convertirla en terrenos óptimos para la agricultura.

La lucha por la recuperación de esas tierras se dio desde hace 40 años, según indicó el representante legal de la Asociación de Campesinos del lugar, Fabio Orlando Aleán, quien indicó que solo en 2019 fueron devueltas 202 hectáreas para producción limpia y 60 hectáreas para conservación a 50 campesinos de la zona.

De ese número, 4 hectáreas fueron entregadas a Delma, la mujer que organizó a 48 féminas del lugar, para sembrar hortalizas para su consumo, con el mínimo impacto posible, utilizando semillas de buena calidad, conservadas por ellas con los métodos tradicionales, como guardarlas con ceniza arriba para que no se afecten, utilización de cantidades mínimas de veneno y reutilizando los desechos de la cosecha, como abono.

Ellas se turnan para regarla, cuidarla y recoger los productos, que luego consumen y también comercializan para generar ingresos para dicha asociación, en aras de reinvertir y obtener ganancias para su sustento en el futuro.

En ese lugar no pueden construir casas de material, tampoco hay energía eléctrica, no pueden llevar máquinas y, de ser posible, tampoco deben utilizar venenos. Hacen apuestas con la lluvia, en aras de garantizar un mejor resultado, explica Delma, al grupo de periodistas, agrónomos y docentes que también participan del diplomado.

Los integrantes, liderados por la docente de Uniminuto María Isabel Noreña, adelantaron tres productos para mostrar la iniciativa, un podcast, un video e historias multimedia que serán promocionadas a nivel nacional.

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