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Natalie vende bollos y quiere estudiar mercadeo y ventas

A las 4 de la mañana empieza su jornada laboral. Es artesana de bollos y vive en el barrio Las Brisas, en Arjona. Tiene 3 hijos y sueña con trabajar como cajera en algún almacén de cadena.

JULIO CASTAÑO BELTRÁN

01 de agosto de 2021 12:00 AM

A las 4 de la mañana empieza la jornada laboral de Natalie, una artesana de bollos que vive en el barrio Las Brisas, en el municipio de Arjona, norte de Bolívar, desde donde debe trasladarse hacia un expendio del barrio El Campestre, en Cartagena.

Es madre cabeza de hogar, tiene 3 hijos y sueña con estudiar mercadeo y ventas, para trabajar como cajera en algún almacén de cadena.

Se despierta puntual, por cuenta de su reloj biológico, dando gracias a Dios por el nuevo día. Luego enciende un equipo de sonido que tiene en el patio de su casa, para escuchar vallenatos románticos, al estilo de Los Diablitos, Jean Carlos Centeno y Nelson Velásquez.

“Siempre soy alegre. Me gusta la música de acordeón, porque me relaja”, dice sonriente y aclara que, aunque ahora esté sonando una canción de champeta, no lo cambia por nada, porque Cristian, su hijo de 12 años, la sintonizó.

Ella hace parte de una familia que tradicionalmente se ha dedicado a la elaboración y comercialización del bollo, un delicioso producto, que, acompañado de queso o suero, es considerado como uno de los manjares típicos del norte de Bolívar. Ese arte lo heredó de sus abuelos Justo Peña y Tata Galvis, -ya fallecidos- quienes tuvieron 12 hijos, que siguieron la senda del bollo. De esa generación solo 4 permanecen en esas actividades. La siguiente generación de nietos es la que integra Natalie y en este momento hay 11 familiares que ganan su sustento con este arte.

Cuando llegué a su casa y me senté junto a ella sobre un taburete de madera estilo sofá, exclamó:

“Mi verdadero nombre es Rikilda Ortiz Peña. Eso de ‘Natalie’, según me cuentan, viene de la telenovela mexicana que se llamaba La Fiera, protagonizada por Victoria Ruffo. Cuando nací, en 1985, la estaban emitiendo en Colombia. Mi mamá me decía ‘Natalie’, y así quedé. Todos me llaman de esa manera. Es rara la persona que menciona mi nombre real”.

Y pese a que es de poco hablar, decidió contar apartes de su vida y de cómo estaba sacando adelante a su familia con el negocio del bollo. Lo más llamativo es que es una mujer incansable, una guerrera. Al principio me pidió que no le tomara fotos en la casa, pero después accedió, siempre y cuando fuera en el puesto de venta, a las 4 de la tarde, frente a un almacén de cadena y una empresa distribuidora de pollos, en la acera que bordea el barrio 20 de Julio y El Campestre.

Natalie es una trigueña de aproximadamente 1.65 metros de estatura, de ojos claros y una mirada oculta. La sonrisa la dejaba entrever cuando se le formaban arruguitas en los alrededores de las cejas. Tiene carácter fuerte. Le percibí un nerviosismo, no dejaba de manipular su celular, no para llamar, ni escribir en chat, sino que lo frotaba muy rápido. Ella es la mayor de sus dos hermanos, Mauricio y Lilibeth

“Siento mucha pena —expresa—. Nunca me había interrogado un periodista”.

Tiene 36 años, de los cuales 20 los ha entregado a los quehaceres del bollo. Hace 12 se propuso ir sola a vender. Antes acompañaba a su mamá, una mujer con una discapacidad llamada Carmen, quien por 10 años mantuvo un puesto comercial frente al edificio City Bank, en el sector La Matuna. Luego, fue indemnizada cuando se construyó el carril de Transcaribe, en la avenida Venezuela.

Está separada desde hace dos años. Trabaja duro y con tesón para mantener su hogar. Me pidió que le ayudara con algún funcionario de Familias en Acción, en Arjona.

“Mi exmarido se lleva la plata de los subsidios de dos de mis hijos y necesito que me ayudes para que eso no siga pasando. Ese dinero es una ayuda para el sostenimiento de ellos”, me comenta.

Un día
de Natalie

Ahí, cuando el sol mostraba su esplendor, en el patio de la casa, hay un tendal de zinc. Me cubría el humo que caracteriza los fogones de leña. Ahí me contó que para hacer los bollos de mazorca le toca comprar el día antes dos bultos de maíz verde, que arrojan 200 unidades.

Arranca a las 5 de la mañana. La tarea es muy pesada, por eso contrata a Manuel Castilla, esposo de una tía, para que le ayude a destusar, cortar y moler el maíz con una maquina eléctrica que tiene al costado de la vivienda. Luego extrae la masa.

Es un proceso que debe hacerse muy rápido para evitar la fermentación del producto. Es así como Natalie ya tiene listos los ingredientes como el azúcar y la sal, para darle el toque mágico.

A eso de las 9 y 10 de la mañana comienza la envoltura. Para eso llama a Genady (conocida como la Cachaca), la hija de la tía Edilma, para que le ayude. Y, mientras todo eso ocurre, Manuel prepara los dos fogones de leña y le pone las ollas con suficiente agua para cocinar.

Antes de sentarse a desarrollar este paso, Natalie ya ha sacado las tusas, los pedazos de hilo para la respectiva amarradura de los envueltos y preparó el desayuno de ella, de sus hijos y de Manuel, el auxiliar.

En su agenda de trabajo también tiene prevista la producción de 30 bollos limpios, 20 de coco, y freír 30 buñuelos, así como una torta de enyucados que será sometida al asado, una vez termine de realizar los envueltos.

El tiempo comienza a correr —cuenta—. Son las 11 de la mañana. Se terminó el amarre. El agua de la olla está hirviendo y los primeros bollos empiezan a tener su punto a eso de las 11 y 30. En el otro fogón están los demás bollos (los limpios y los de coco). En la paila está tendido el enyucado, que requiere de 30 a 40 minutos de asado.

A la 1:30 de la tarde todo está listo y empiezan a empacarlos en bolsas de plástico. Prepara el viaje. Se monta en un motocarro para llegar al punto conocido como La Estación, donde toma, a eso de las 2:30 de la tarde, el bus de la ruta Arjona-Cartagena, para un recorrido de 40 minutos. Llegando a la capital del departamento de Bolívar, y en inmediaciones del barrio Villagrande de Indias, toma un taxi que la transportará hasta el barrio El Campestre. Llega poco antes de las 4 de la tarde.

A esa hora llego a su mesa, tal como me lo había sugerido. Ella había arribado al lugar y acomodaba el producto final. A las 4 y 10 hizo la primera venta: se hizo el nombre de Dios. A veces les fía a los trabajadores de la zona. “Nunca me han quedado mal. Acá tengo tres años desde que abrieron varias supertiendas”, dice.

La labor se cumple hasta las 8 de la noche. Cada bollo cuesta mil pesos. Tiene éxito en la venta, porque se ingenió llevando porciones de queso y la gente compra los dos productos. A eso de las 8 y 15 recoge y se alista nuevamente para tomar otro taxi. Esta vez llega al sector El Amparo y sube a un colectivo hasta Arjona, regresando a las 9 y 30 a su casa a descansar. Sus hijos quedan en compañía de su papá y las tías, que los cuidan mientras ella vuelve.

Y ahí termina su jornada. Concilia el sueño a las 11:45 de la noche, cuando ha sacado la cuenta para pagar a los proveedores. Esta actividad la hace de lunes a viernes. Los sábados y domingos son para la familia.

El trabajo en
La pandemia

Con todo el trabajo que tiene la producción de bollos, la pandemia le ha dado un duro golpe económico, puesto que desde que se inició dejó de hacerlos, razón por la cual recibió el apoyo de sus padres, Carmen Peña y Víctor Ortiz, así como de los subsidios del programa Familias en Acción, donde dos de sus hijos son beneficiarios. Ella reinició sus actividades a finales del año pasado. A esto se suma que, en los días de bloqueos en Cartagena, las pérdidas fueron significativas.

“Me tocaba coger moto y hacer transbordo. Una vez traje de vuelta 100 bollos. Otro día, 80; y hubo fechas en que mejor no iba, porque, en vez de ganar, estaba quedando mal con los proveedores”, cuenta. Los bollos que le quedaban le tocaba regalarlos, y también hacían parte del desayuno.

Los sueños de Natalie siguen vivos, terminó su bachillerato en el 2004, luego empezó a estudiar hotelería y turismo en 2006, pero se retiró cuando le faltaban dos semestres.

Hoy espera una oportunidad para poder estudiar mercadeo. Además, tiene la esperanza de resolver el tema de los subsidios de Familias en Acción. En cuanto a esto, la oficina de Enlace Municipal dio a conocer que próximamente habrá ampliación de cobertura y ella debe postularse.

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