La nostalgia futurista de Raf Simons, director creativo de Christian Dior, estuvo enmarcada en las reminiscencias del siglo XVIII a través de finos bordados que evocan a Versalles y de crinolina (armador) con toques minimalistas.
Su colección otoño-invierno actualizó las faldas con estructura rígida que se usaban debajo de los vestidos para darles volumen pero con un aspecto muy liviano, enriquecido con flores bordadas que demandaron horas y horas de trabajo en los talleres.
Simons retomó igualmente los tapados masculinos de esa época y los propuso en tonos pastel que se combinan con un sobrio pantalón negro.
“Lo que me interesó fue el proceso de realizar una idea sumamente moderna a partir de una base muy histórica”, explica el creador.
Su propuesta también rindió tributo al fundador de la casa Christian Dior, retomando los grandes cuellos del diseñador, que se hizo famoso por su chaqueta “Bar” y otros modelos elegantes y sofisticados.
En el desfile también se contemplaron largos tapados de lana, cachemira o visón propicios para el frío.
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