Gloria Ruiz Bedoya estaba preocupada porque su compañero sentimental, el patrullero Deivis González Vega no había llegado a su casa tras terminar su servicio. La mujer lo llamó a su celular para preguntarle si demoraba en llegar a su casa ubicada en el barrio Colombiatón, pero esto enojó mucho al uniformado.
Tras terminar la conversación, la mujer se dirigió a casa de una vecina con sus tres hijos, pues había notado la reacción airada del patrullero y temió por su seguridad.
Cerca de las 2:30 de la madrugada, el policía –aún con el uniforme de la institución- llegó a su casa y no encontró a su mujer, esto lo enojó más y fue hasta la vivienda donde ella se había refugiado horas antes. Allí entró por el patio tras trepar varios muros de otras casas aledañas.
El agente, que al parecer se encontraba bajo efectos del alcohol según narran varios testigos, encontró a Gloria y le disparó en nueve ocasiones, al igual que a sus dos hijastros de 15 y 12 años, a quienes también les propinó a cada uno ellos dos balazos. También disparó en 6 oportunidades contra su propia hija de dos años. Otra víctima fue una menor de 9 años que vivía en la casa.
Tras descargar toda su ira contra su propia familia, amenazó a la dueña de la vivienda para que lo dejara salir del lugar. Luego de su despiadado acto, González Vega intentó quitarse la vida al dispararse en la cabeza, pero su tiro no fue certero y solo rozó su cuero cabelludo. Una niña logró escapar de la residencia y se dirigió al CAI de la Policía, ubicado a una distancia cercana.
Gloria fue trasladada a la Clínica Madre Bernarda, junto a uno de sus hijastros, los otros menores fueron llevados a la Clínica Blas de Lezo. La mujer de 31 años perdió la vida tras desangrarse por sus nueve heridas en diferentes partes del cuerpo; a su hija de dos años se le practicó una cirugía de emergencia y se encuentra en estado crítico.
Los otros niños se mantienen en observación. El homicida también fue internado en la Clínica Madre Bernarda donde se mantiene fuertemente custodiado por agentes de la Policía y del cuerpo antimotines.
Diez familiares de las víctimas también llegaron al centro médico, pero se les impidió la entrada. Estas personas denunciaron a reporteros de este medio, que el agresor ni siquiera estaba esposado al momento de ingresar a la clínica.
También afirmaron que el agente había sido suspendido por la institución y solo tenía dos meses de haber regresado a sus funciones.
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