La tensión y el dolor aún se “pasean” por la calle Lomba, en el municipio de Arjona, en el Norte de Bolívar.
El clima es de temor desde ayer en la madrugada, luego del asesinato de Ronald Madero Caballero, a quien atacan a bala y cuchillo mientras se dirige a la casa de su abuela.
A la 1:30 de la madrugada, cuentan los testigos, la víctima camina por esa calle cuando por detrás alguien le grita “hey”.
El muchacho voltea a ver quién lo solicita y es en ese momento cuando lo balean. Ronald se desploma y ya agonizando también es acuchillado sin compasión.
Tras las detonaciones, los residentes de calle Lomba se asoman y reconocen a la víctima de inmediato.
“Un vecino salió de su casa y vio a los asesinos salir corriendo. Nos avisó enseguida”, recuerda una tía de la víctima en la morgue de Medicina Legal.
Por más rápido que llegan los dolientes para tratar de auxiliar a Ronald, es imposible. El joven está muerto, se ha desangrado.
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Horas antes del crimen, Ronald sale de su casa, en el municipio de Turbaco, para tomarse unos tragos en Arjona, de donde era oriundo. Una vez llega la madrugada del domingo, decide irse a dormir a casa de su abuela, en la calle Lomba, y a una cuadra de su destino, sucede la tragedia.
“Ya él venía a dormir cuando esos tipos lo llamaron y le dispararon cuando el volteó a verlos. Son pandilleros y todos estamos asombrados de lo sucedido, porque Ronald no se metía con nadie. Les gustaba el ron sí, y las mujeres, pero era amable con todos y su alegría lo caracterizaba”, manifiestan al tiempo los familiares de Ronald en Arjona.
Ronald trabajaba como mototaxista, era padre de tres hijos y vivía en el barrio Las Cocás, de Turbaco.
La Policía indica que el caso obedece a un lío de pandillas y problemas de drogas.
Pese a esta versión, la familia de la víctima insiste en que ‘el Lobo’, como apodaban a Ronald, no era pandillero ni tenía problemas de droga.
Ayer en la tarde hubo amagues de riñas en esa calle por el asesinato de la madrugada, y por eso se hizo necesaria la intervención del Esmad.