A sus 23 años, Marly Valencia entendió en segundos lo que significa llevar un uniforme. No fue en un entrenamiento ni en un simulacro, sino en una noche real, tensa y caótica en el municipio de Soplaviento, en el norte de Bolívar.
Había llegado a un bar junto a su compañero para atender una riña que, en apariencia, no pasaba de una discusión más. Sin embargo, el ambiente cambió de forma abrupta. Un estruendo rompió la escena y, casi al mismo tiempo, su compañero se desplomó sin reacción. Lo que segundos antes era rutina se convirtió en una situación límite.
Segundos que lo cambiaron todo en el municipio de Soplaviento
Frente a ella, el peligro tomó forma rápidamente. Un hombre armado con un cuchillo avanzó sin titubear. El impacto contra su chaleco le sacó el aire, pero no la paralizó. En ese instante, donde el miedo compite con el entrenamiento, Marly reaccionó: desenfundó su arma y disparó para neutralizar al agresor. Lea: En violenta riña en San Pedro y Libertad asesinan a menor de 17 años: habló su familia
Con la amenaza controlada, la escena seguía siendo crítica. Su compañero permanecía en el suelo, sin responder. No había tiempo para esperar refuerzos ni para evaluar con calma. La prioridad era una sola: mantenerlo con vida.
Lo levantó como pudo, sintiendo el peso y la urgencia al mismo tiempo. Cada movimiento costaba, pero no se detuvo. Logró llevarlo hasta la motocicleta institucional y, con esfuerzo, lo acomodó para iniciar el traslado. En ese momento, la misión ya no era contener una riña, sino ganarle tiempo a la muerte.

El recorrido hasta el centro de salud fue una carrera contrarreloj. Las calles pasaban rápido, mientras la tensión se mantenía en cada segundo. No había margen para errores: cada decisión contaba.
Al llegar, pidió ayuda de inmediato. El personal médico recibió al uniformado y logró estabilizarlo. Esa respuesta oportuna fue clave. Hoy, su compañero se encuentra fuera de peligro.
Horas después, la situación quedó bajo control. Tres personas fueron capturadas, entre ellas el agresor que había sido reducido. El municipio volvió a la calma, pero lo ocurrido dejó una huella clara.
Para Marly, más allá del procedimiento, quedó la experiencia de haber enfrentado una situación extrema y haber tomado decisiones bajo presión. Cuando habla de lo ocurrido, lo resume sin dramatismo: “En esos momentos uno no piensa en uno mismo… piensa en salvar vidas”.
Y aunque evita cualquier calificativo, lo cierto es que esa noche no fue una más. Fue el momento en el que una patrullera joven, en medio del caos, decidió no retroceder.
