Lo último que Rosa María Altamar Sanjuan hizo en vida fue lo que siempre le gustó hacer: preparar los pasteles que cada fin de semana vendía por pedidos o en el tradicional puesto que tenía frente a la Plaza de Toros, a un costado de la Avenida Pedro de Heredia, cada vez que había eventos deportivos o musicales.
La mujer, de 55 años y residente toda su vida en el barrio Escallón Villa, habló por última vez con una de sus hermanas en la noche del sábado, 10 de octubre, justo mientras cocinaba pasteles en su casa, que está exactamente en la calle 30F 54-60, en el primer piso de un inmueble de dos plantas. Allí, Rosa María vivía con un vecino de infancia, Daniel Cuadrado, de 30 años y a quien le alquilaba una de las habitaciones. Horas después, en la tarde del domingo, 11 de octubre, la mujer y su inquilino fueron hallados muertos dentro de la vivienda, cada uno en sus habitaciones.
“Yo era la que estaba con ella, me senté a hablar con ‘la Negra’ en la noche (del sábado 10 de octubre). Después de un rato le dije que se fuera a dormir, que se tenía que levantar temprano para trabajar. Entonces yo me fui a acostar y ella (Rosa María) se encerró. La estufa con los pasteles cocinando siguió prendida y como que el humo la asfixió mientras dormía. Lo mismo pasó con el otro muchacho, su inquilino, que no era nieto de ella y quien también dormía en su habitación”, relató la hermana de Rosa María a EL UNIVERSAL en la mañana de este lunes festivo, 12 de octubre.
La hermana de Rosa María, quien también reside en Escallón Villa, recuerda que a eso de las 4:30 de la madrugada del domingo la llamó por celular para que la ayudara con el desayuno, pero no le respondió. Una hora después, cuando ya se iba para el trabajo, la hermana dice que tocó a la puerta de la casa de Rosa, pero tampoco obtuvo respuesta.
“Le toqué varias veces a la puerta y le gritaba, ‘Negra’, Negra’, abre la puerta, pero nada. Yo lo que pensé es que se levantó a seguir cocinando los pasteles y después se acostó. Bueno, dejé las cosas así y ya después, como a las 11 de la mañana, comencé a llamar a mi hermana nuevamente, pero nada, no me respondía. Al mediodía llamé a una de las hijas de Rosa y le dije que fuera a la casa de ella, a ver qué estaba pasando, que le diera vueltas a su mamá. Pasaban las horas y se me hacía extraño que mi hermana no me llamara o no me respondiera”, cuenta la familiar.
A eso de las 3 de la tarde del mismo domingo, cuando muchos presumían que Rosa María estaba en la calle vendiendo pasteles, una de las hijas de la cocinera se fue a la casa, abrió la puerta y en las dos habitaciones halló los cuerpos de su mamá y del inquilino. A la mujer la encontraron acostada en la cama, mientras que a Daniel Cuadrado lo hallaron tendido en el piso, “como si hubiese intentado salir al sentir el humo, pero al caer de la cama se golpeó fuertemente en la cabeza y eso lo pudo dejar inconsciente, sin posibilidad de recuperarse”, precisan los familiares de la matrona del Pastel y del Frito Cartagenero.
Aunque la Policía Metropolitana no se ha pronunciado de manera oficial sobre este hecho, EL UNIVERSAL confirmó que ambos cuerpos, el de Rosa María Altamar y el de Daniel Cuadrado, fueron ingresados a la morgue de Medicina Legal, donde peritos forenses, a través de las necropsias de rigor, establecer las causas que provocaron los decesos. La principal hipótesis que indagan es la de un presunto caso de asfixia por inhalación de humo.
Familiares de Rosa María Altamar Sanjuan aseguraron que aunque la mujer nació en Venezuela, vivió la mayor parte del tiempo en Cartagena, primero en el barrio República de Venezuela y luego en Escallón Villa. Deja cuatro hijos y vivía solo con su inquilino. Llevaba más de 17 años participando en los festivales del Pastel y del Frito Cartagenero.
El Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena lamentó profundamente el fallecimiento de Rosa María Altamar, reconociendo en ella su participación en los festivales del Pastel y del Frito, eventos donde “ha dejado huella en la preservación de nuestras tradiciones culinarias y en el legado de quienes mantienen viva la cocina tradicional de nuestra ciudad”.
