José Donaldo Rodríguez Taborda dejó su hogar en Santa Rita, una vereda de Ituango (Norte de Antioquia), en marzo de 2010, buscando respuestas para sus recurrentes olvidos repentinos y dolores de cabeza.
Esa fue la última vez que su familia lo vio. A los 33 años y siendo padre de tres hijos se alojó en la casa de un pariente en el barrio San Pablo, al nororiente de Medellín.
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En abril de ese mismo año, su cuerpo sin vida fue descubierto en el barrio La Quiebra, en la comuna 13, y un mes después fue sepultado en el Cementerio Universal de Medellín como un cuerpo no identificado (CNI). En 2011, Medicina Legal confirmó su identidad, pero no pudieron contactar a la familia, lo que mantuvo a sus seres queridos sin saber qué había sucedido con él. Lea aquí: Con circular de Interpol, cae en Ecuador por matar a su pareja en Colombia
Sin embargo, en ese mismo año, la familia recibió una llamada desde el mismo teléfono celular que José Donaldo tenía consigo. Del otro lado de la línea, supuestos miembros de un grupo armado afirmaron tenerlo secuestrado y mostraron a la familia unos lamentos al fondo para persuadirlos. Exigieron ocho millones de pesos para liberarlo, una suma que la familia no pudo reunir completamente.
El padre de José Donaldo viajó hasta Medellín y entregó una suma menor, que fue recibida por un joven que no pudo proporcionar información sobre el paradero de su hijo y se limitó a ser el encargado de recoger el dinero.
A pesar de no tener dinero y desconocer el destino de su hijo, la familia continuó recibiendo demandas de dinero durante más de un año y medio, a pesar de que los extorsionistas sabían que José Donaldo ya había fallecido.
La agonía de la familia no terminó ahí. Alguien les informó que habían visto a José Donaldo en Urabá e incluso consultaron a un brujo, quien también les aseguró que su familiar seguía con vida.
Finalmente, pasaron más de una década antes de que la familia Rodríguez Taborda conociera la verdad. En 2021, la Fiscalía los contactó para confirmar la muerte de José Donaldo, después de haber exhumado sus restos en diciembre de ese año. Siga leyendo: “Mi nieto era un niño bueno y me lo mataron”: abuela de vigilante asesinado
Casi dos años después, los restos del hombre finalmente regresaron a Ituango y fueron entregados a sus familiares.
Los restos de José Donaldo descansan ahora en una bóveda en su tierra natal, a la espera del traslado del cuerpo de su madre, quien falleció hace cinco años esperando su regreso.