
La voz del pueblo, es la voz de Dios”. Y así se ha ido demostrando con las investigaciones que buscan esclarecer las circunstancias en las que murió el domiciliario Carlos Herrera Vergara el lunes en la madrugada en la calle de Los Palenqueros, en el barrio La Candelaria.
Desde que Herrera Vargas recibió esos dos balazos a quemarropa, sus familiares, amigos y vecinos no han dejado de mostrar su repudio de distintas maneras para hacer prevalecer, según ellos, la verdad de lo que realmente ocurrió.
Esa verdad parece ya un poco más cerca. El propio general Henry Sanabria Cely, comandante de la Policía Metropolitana de Cartagena, fue a la casa donde velaban los restos de Carlos, y allí, en presencia de los dolientes, el jueves en la noche, admitió con voz entrecortada que, en efecto, hay un miembro de esa institución involucrado en el homicidio.
El oficial le ofreció disculpas a los parientes de Carlos y reconoció que a raíz de ese hecho se viene adelantando una investigación penal y disciplinaria.
“Se ha logrado un importante avance en estas verificaciones que nos permiten anticipar la presunta participación de un miembro de la institución en estos hechos, descartando que se haya tratado de un enfrentamiento entre pandillas, como erróneamente se sugirió al comienzo de la semana.
“La Justicia Penal Militar y Policial avanza con celeridad recaudando las pruebas frente a lo sucedido, con el fin de impartir recta, pronta y eficaz administración de justicia. A la familia de Carlos Herrera Vergara, a quien acompañamos esta noche en el acto de velación de su cuerpo en el barrio La Candelaria, nuestras más sinceras condolencias, enfatizando en que no habrá impunidad”, dijo el general Sanabria.
Juan Carlos Herrera, hermano de Carlos, y quien estaba con él al momento de ser baleado, le confesó a El Universal que cree en las palabras del general Sanabria y de la Policía.
“Esto nos da pie para seguir luchando, para que la muerte de mi hermano no quede impune. Agradecemos la presencia del general en mi casa”, dijo Juan Carlos ayer en la mañana, poco antes del sepelio de Carlos.
Desde el mismo lunes, y hasta ayer durante su sepelio, habitantes de La Esperanza y La Candelaria protestaron por la muerte del domiciliario en calle de Los Palenqueros. Se han escuchado gritos de rabia y dolor en busca de una verdad que ya está más cerca.
Carlos Herrera Vergara, de 33 años, trabajaba como domiciliario para una empresa de pollos congelados. El domingo en la noche lo invitaron a una reunión a pocas cuadras de su casa. Aunque no quería ir, se fue a “regañadientes” por complacer a su hermano Juan Carlos.
El lunes, eso de las 12:30 de la madrugada, diez policías llegaron en cinco patrullas motorizadas pidiéndoles a los que estaban en la reunión que apagaran el equipo de sonido. La música se acabó, pero, según testigos, uno de los policías comenzó a increpar a tres jóvenes y tras ese cruce de palabras se inició una discusión que se fue a los golpes y a las piedras.
Carlos y su hermano Juan Carlos optaron por regresar a casa caminando, pero antes de llegar fueron increpados por dos policías.
“Yo sufro de polio y por eso no tengo movilidad en mis manos. A mi hermano le dio rabia cuando un policía me golpeó, y como yo no me puedo defender, él le lanzó un puño al policía y en ese forcejeo le dispararon en el abdomen. Cuando cayó, le dieron el otro balazo en la espalda”, relata Juan Carlos.
La víctima estuvo en UCI hasta la noche del martes, en la Clínica Crecer. Ayer le dieron el último adiós bajo el ritual de los palenqueros.
