Un doble crimen atroz con víctimas aún sin identificar

14 de febrero de 2020 12:00 AM

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Los hermanos Dairo y Wilmar Rivera Rodríguez no han descansado en paz. Exactamente once meses después de ser asesinados y sepultados en una fosa común en una finca en el corregimiento de San Cayetano -San Juan Nepomuceno-, tras ser sacados a la fuerza de dos fincas, sus restos no han sido reconocidos oficialmente por Medicina Legal, pese a que hay un porcentaje bastante alto de que sean ellos.

Lo peor, sin embargo, está por venir. De no ser identificados sus cuerpos antes del próximo 20 de febrero, los seis capturados por esas dos muertes, entre ellos la esposa de una de las víctimas, solo podrían ser procesados judicialmente por el delito de secuestro extorsivo, y no por tres que le imputó la Fiscalía en septiembre pasado. Los otros dos delitos son homicidio agravado y concierto para delinquir.

Juan Pablo Rivera Martelo, sobrino de Dairo y Wilmar, dicen que prácticamente están en una “carrera contra el reloj”, porque de no haber un reconocimiento oficial de los cuerpos, los investigados pagarían menos años en la cárcel. “Si no hay identificación de las víctimas, no hay delito de homicidio”, asegura Rivera.

Ayer en la tarde, Rivera Martelo le dijo a El Universal que los llamaron de Medicina Legal para informarme que muy posiblemente les entregan los restos y los resultados de los estudios forenses.

Contra el tiempo

Los restos de Dairo y Wilmar Rivera, de 55 y 53 años, respectivamente, permanecen desde el 14 de mayo en la morgue de Medicina Legal en Barranquilla. Ese día fueron hallados los cuerpos en avanzado estado de descomposición en un predio aledaño a las fincas donde vivían los dos hermanos.

La información que le dieron en su momento a los Rivera indica que la identificación plena de los cuerpos tardaría seis meses. Esa promesa, según Juan Pablo, no se ha cumplido y es por eso que están preocupados.

“La semana pasada nos dijeron que este lunes -10 de febrero- nos darían los resultados de la identificación, pero ya vamos por jueves -ayer- y aún no nos han dicho nada. Un miembro del Gaula me informó que antes del 20 de febrero terminarían los estudios, pero vemos que esta semana ya acaba y aún no hay un pronunciamiento oficial”, manifiesta Rivera Martelo.

Según el familiar de las víctimas, lo que han sabido de la tardanza de la identificación de los restos es que, además de estar en muy avanzado estado de descomposición, en Medicina Legal hay otros casos pendientes de cuerpos que fueron hallados como NN en fosas comunes y que son de hechos que ocurrieron hace ya algunos años por acciones de grupos armados irregulares.

“Unos pocos días después que hallaron los cuerpos, a mi abuela y a mi papá les sacaron sangre para tomarle las muestras de ADN, pero el tiempo pasa y hemos estado en ascuas desde entonces. Los cuerpos de mis tíos han estado todo el tiempo en Medicina Legal de Barranquilla”, anota Juan Pablo Rivera.

Un capturado los delató

El hermano de Wilmar y Dairo se salvó de correr con la misma suerte de ellos aquel 14 de febrero de 2019 porque fue al pueblo -San Juan- a hacer una diligencia relacionada con la venta de un ganado. Ese día, Wilmar estaba en la finca de su mamá y Dairo en un predio aledaño también de la familia.

Varios sujetos armados entraron a las dos fincas, y tras sacarlos a la fuerza y doblegar a los empleados, los encerraron en un rancho en esa misma zona. Allí, cuenta un pariente de las víctimas, había ya una fosa lista para arrojar sus cuerpos.

Antes de ser asesinados, indica el familiar, los cambiaron de ropa varias veces, les tomaron fotos e hicieron videos. Con esas imágenes y grabaciones, los captores de los hermanos pretendían realizar sus exigencias económicas mostrando para ello pruebas de supervivencia. Las investigaciones precisan que a los ganaderos los mataron ese mismo 14 de febrero.

Dos días después, los Rivera recibieron una primera llamada en donde les informaban que por la liberación de Wilmar y Dairo exigían un pago inicial de 16 millones de pesos. Las llamadas se hicieron esporádicas en las siguientes semanas, hasta que el Gaula, que ya conocía del caso, interceptó una de esas llamadas y a partir de ese momento se fue resquebrajando el plan maquiavélico que supuestamente fue dirigido por la esposa de Wilmar -Nelly Luz Yepes Posso- ante su inconformismo por la repartición de bienes tras disolverse el matrimonio en diciembre de 2018.

A través de esas llamadas dieron inicialmente con los sujetos que participaron en el secuestro. Uno de ellos decidió hablar y fue así como se dio con el hallazgo de los cuerpos dos meses después. Esta persona ha contado cómo fue ese entramado y es por eso que las investigaciones avanzaron eficazmente.

Para Juan Pablo Rivera, de caerse la imputación por los delitos de homicidio y concierto para delinquir, toda el tiempo y la logística que las autoridades emplearon para esclarecer este crimen atroz habría sido en vano.

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