La Fundación Fototeca Histórica Cartagena de Indias, dentro de sus muchas labores inherentes a la conservación del patrimonio visual de Cartagena y sus alrededores, no se limita a recibir donaciones de material fotográfico, es también de vital importancia, los aportes de textos especializados e investigaciones bien documentadas, que actúen como complemento a las fotografías y amplíen el conocimiento de nuestro pasado y presente. Es así, como el arquitecto Javier Rodríguez De Ávila, nos entrega en esta ocasión, un texto que hace parte de su profunda investigación sobre nuestro “Caballero de piedra”, esa maravillosa obra de la ingeniería militar española. ¿“Castillo” o “Fuerte” San Felipe de Barajas? La construcción inaugural, a pesar de registrar un trazado triangular Renacentista instalado a mediados del siglo 17, ornamentación Barroca y de carecer de los cuatro baluartes metodizados para las grandes obras, heredó de las fortalezas medievales su asignación al ser levantado sobre una colina y como alegoría de los pretéritos montajes militares de “Castilla”, que escudaron los frentes de fricción en la reconquista española contra los Moros. Operó como vanguardia protectora no solo de la aproximación al poblado insular, sino al propio emplazamiento del cerro San Lázaro que intimidó por su cercanía y altitud, al único empalme dispuesto estratégicamente por la plaza amurallada con tierra firme. Desde entonces será la verdadera “Llave de la ciudad”. El “Castillo” es el inicio, es solo la construcción de la cima. Antepuesto a la Puerta de la Media Luna. Es el preámbulo de todo el conjunto defensivo que forjó el “Fuerte“actual, al construirle las baterías complementarias que enfrentaron en distintos niveles los flancos de agresión. Brotó como una plataforma básica a la vanguardia. De campaña. Vigía. Sometida en 1697 por el Barón de Pointis. Como lo vemos en el grafico, respaldado por una red de trincheras y tres baterías fabricadas con diligencia dos años antes en tierra y madera, venció heroicamente en la batalla decisiva las pretensiones del Almirante Vernon en 1741. En esas condiciones y durante 105 años perpetuó su apelativo. La fortaleza que hoy percibimos es la combinación armada con el “Castillo” de la cumbre y los refuerzos adicionados en el siglo 18 por el ingeniero Antonio de Arebalo y Porras -con B larga, como él lo escribió- que engendró un ligado portentoso de ofensiva y defensa simultanea, programado para que las más elevadas dominaran las posibles fracciones realizadas en lo bajo por los enemigos, subsistiendo el “Castillo“ en la cúspide como ultima habitación y a modo de “Torre del Homenaje” de las construcciones medievales. De Arévalo se refirió en varias ocasiones al complejo como “el Castillo de San Felipe de Barajas, Alias el Cerro” y las “Obras nuevas que se le han aumentado”. Otros lo llamaron como “Castillo de San Lázaro”. El calificativo “Castillo” persistió principalmente en España. Por sus características, evocaciones pintorescas y caballerescas, permanece en las remembranzas y en la etiqueta turística como artilugio de venta lucrativo hasta nuestros días. La fortificación no escapó a la falta de conciencia cuando la ciudad cae plena en el “rancio desaliño” a finales del siglo 19 y principios del 20. Lo vemos en la fotografía -cedida por la incomparable Dorothy de Espinosa- en estado lamentable, visto del lado Sur desde el antiguo barrio “Pie del Cerro”, cercano al derrumbe con una vegetación copiosa, visitado por entones solo por unas fascinadas cabras que encontraron en aquellas alturas su hábitat. El precisar el origen del gran icono, su evolución y los términos de “Castillo”, “Fuerte“o “Fortaleza”, incentivará la comprensión e interés por el monumento, abonando pedagógicamente a su valoración y conservación. Texto: Javier Rodríguez De Ávila. Fundación Fototeca Histórica Cartagena de Indias. www.fototecacartagena.com




