En el centenario de la muerte del Premio Nobel de la Paz ruso, parece oportuno evocar dos tópicos de su obra, el de la alegría de vivir y el de la indiferencia ante el sufrimiento y la guerra, aunque él mismo sostenía que el verdadero objeto de la obra de arte auténtica era la Verdad, con mayúscula. 1. La alegría como “atmósfera del amor”. Pero ¿qué es la verdad? Tolstói parece descubrirlo al describir la alegría que se respira en el ambiente durante una cena de Navidad en casa del joven militar Nikolai Rostov, en “La Guerra y la Paz”: “¡Toma el momento de felicidad, obliga a amar y ama tú también! Esta es la única verdad de este mundo. Todo lo demás son tonterías. Y aquí solamente nos ocupamos de amar, decía esta atmósfera”.
Alegría que flota en el ambiente rousseauniano conformado por las flores de Yasnaia Poliana, su residencia, en el prefacio de su novela sobre el Cáucaso, “Hadzhi-Murat”: “el oloroso y velludo trébol, rojo, blanco, rosa; la insolente margarita; la blanca magarzuela, con el corazón de un amarillo intenso…; el aciano, de añil subido en la juventud, de azul pálido y rojizo a la tarde…;”. También Olenín, el protagonista, descubre la vida libre del artificio de la civilización, al estilo de Rousseau, cuyo “Emilio” Tolstói leía mucho: “A la sombra de la selva veía con claridad las engañosas ilusiones de su vida anterior. Cada día se sentía más hombre y más libre. Los hombres aquí nacen, engendran, luchan, gozan de la vida y mueren y no conocen otras leyes que las de la naturaleza”.
En “La Guerra y la Paz”, el personaje Pedro, descubre, como lo hará en el siglo XX el lógico matemático y filósofo Ludwig Wittgenstein, lector atento de Tolstói, que para el que goza de la alegría de vivir no existe el problema del sentido de la vida: “…; lo que siempre trató de solucionar, la cuestión del objeto de la vida ya no existía para él. Precisamente este convencimiento era lo que le producía aquella alegre sensación de libertad, lo que le hacía dichoso”. Alegría que Pedro (según algunos, el mismo Tolstoi) descubre en Platón Karataiev, un campesino con el que comparte el sufrimiento que deja la invasión napoleónica de Rusia, quien vivía en buena armonía, con todos: “ Amaba a su perro, amaba a sus camaradas, amaba a los franceses, a Pedro, su vecino en la prisión…;”
En la novela “Ana Karenina”, la alegría es para el matrimonio fiel de Lievin y Kitty , mientras que la tragedia destruye al amor adúltero de Ana y Vronsky, aunque el esposo de Ana, Alexiei, vive un amor artificial o convencional que choca con la realidad cuando presiente la infidelidad: “Por primera vez consideró que su mujer debía tener una vida propia con sus particulares sentimientos y sus íntimas necesidades y esa idea le pareció tan horrorosa que se apresuró a alejarla de sí. Era el abismo terrible que estaba allí ante él y que no se atrevía a sondear con la mirada.” (Cáp. 11)
2. Indiferencia ante el sufrimiento y la guerra. En un panfleto de 1908 Tolstói se indigna por los ahorcamientos, desplazamientos forzados y por el uso del espionaje y del soborno que hace el gobierno ruso dizque en aras de la seguridad, sin importarle el sufrimiento de las madres y esposas de las víctimas. Tolstói concluye que esos crímenes del estado “se cometen por mí” y agrega: “Por mí esta profunda miseria del pueblo privado del elemental derecho a trabajar la tierra en que ha nacido.” En “La Guerra y la Paz” Tolstói cuenta que el Príncipe Andrés, valiente militar que busca como Pedro el sentido de la vida, al pasar, después de una batalla, delante de un estanque donde antes siempre veía unas alegres mujeres lavando ropa, conversando y cantando, “observó que no había nadie y que una pequeña madera desclavada cubierta de agua hasta la mitad flotaba en medio del estanque”. Imagen análoga a la de las crónicas periodísticas que narran en Colombia el encuentro desolador y triste de una pelota o una muñeca entre las ruinas de un pueblo masacrado.
En suma, Tolstói rechazaría hoy la actual indiferencia ante el sufrimiento y la violencia.
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