Después de ser bien recibida en algunos de los festivales de cine más importantes, como el de Berlín (Alemania), hace su arribo a las salas de Colombia el debut cinematográfico de Gabriel Rojas Vera: “Karen llora en un bus” que ya puede verse en Barranquilla y Cartagena.
La película nos cuenta un momento crucial en la vida de una mujer de clase media, envuelta en la rutina de un matrimonio sin motivaciones, que decide tomar las riendas de su destino. Su factura es limpia, realista, sin artificios. Su atmósfera es honesta, cruda, pero poética.
“Karen llora en un bus” pertenece a la familia cinematográfica de “Historias mínimas”, de Carlos Sorín (Argentina), “Todo sobre mi Madre” de Pedro Almodóvar (España) y de “Los Puentes del condado de Madison”, de Clint Eastwood (Estados Unidos).
Sorprende de manera grata la honestidad, la tranquilidad y la sencillez de un cineasta como Gabriel Rojas Vera que es capaz de retratar una historia de clase, una historia femenina, para hablarnos del espíritu humano que es capaz de sobreponerse a cualquier adversidad, simplemente con la fe y la decisión de hacerlo. En esto reside la potencia y la gracia de esta película intimista, realista, cuestionadora.
En un panorama cinematográfico carente de propuestas respetuosas y serias en torno al universo femenino, en el que algunos directores optan por contar historias de mujeres referidas a mundos escatológicos, “Karen llora en un bus” llega para refrescar el horizonte. Hay que felicitarle a Gabriel Rojas Vera su delicada, cuidadosa y eficaz mirada sobre uno de los más importantes retos de la mujer de hoy. La película, sin duda, será un éxito entre las mujeres profesionales, independientes, que se atreven a hacer sus propias vidas. A hacer realidad sus propios sueños, sin importar la cuota de sacrificio. “Karen” es uno de esos personajes entrañables que acompañarán al espectador por décadas. Y cuando esto ocurre en una cinematografía naciente como la nuestra, simplemente hay que celebrarlo.
Para resaltar la gran actuación de Ángela Carrizosa, colombiana residente en San Francisco (California), que tiene la fuerza interpretativa, la sutileza, el rigor de una actriz como Meryl Streep. No es gratuito que “Karen” pueda ser vista como la revancha de “Francesca” en la citada película de Clint Eastwood. Incluso podría decir acá que un norte importante en la carrera de Gabriel Rojas Vera podría ser la cinematografía del guionista, actor y director estadounidense, una de las voces más respetadas del cine independiente norteamericano de las últimas décadas.
En el ámbito de los estrenos recientes del cine nacional, mi apuesta es por “Karen llora en un bus”. Porque dentro de todos hay una Karen llorando por salir.
Gabriel Rojas Vera, director de “Karen llora en un bus”
“Karen llora en un bus” es una película que retrata muy bien a la clase media latinoamericana. En eso está su potencia. Como cineasta, Gabriel Rojas Vera no quiere ser nada más que él mismo, no quiere impostar nada, no le interesa “falsear” una realidad. Es una película honesta, hecha por alguien que sabe de lo que está hablando. Y eso lo agradece uno como espectador.
Este fue el diálogo con su director para Dominical de El Universal, del cual procede este monólogo.
Mi familia está compuesta por mi mamá, tres hermanos y mi papá que murió. Éramos más bien un patriarcado. Tal vez el haber crecido sin mujeres le genera a uno mayor curiosidad el género femenino. Estudié en un colegio religioso, de hombres, por eso me interesa tanto ahondar en ellas. Buscar la realidad de ellas, saber lo que piensan. Es una especie de obsesión por conocerlas.
El llanto verdadero
Ver a una chica llorando durante el mismo día tres veces en tres buses distintos me hizo pensar: “Me están persiguiendo mujeres que lloran”. Al tiempo, una amiga me contó que ella había llorado en un bus y que estaba una persona al lado que le preguntaba y que ella estaba dolida porque había terminado una relación con su novio. Digamos que de ahí proviene la película. De ese día que vi llorar a tres mujeres y del cuento de mi amiga. Me di cuenta de que todas las mujeres han llorado en un bus. Y es entendible porque con los trayectos en Bogotá larguísimos hay tiempo hasta para llorar.
Foto con dedicatoria
Soy casado y tengo una hija hermosísima que está pronta a cumplir sus tres añitos. Y le dedico la película. Lo de la foto de los dos que aparece en la pantalla, no fue planeado. Yo necesitaba una foto del papá y de Karen cuando era niña. Me mostraron una foto de Ángela con el papá y una señora que no es la mamá, el director de arte me dijo que no había conseguido más. Justo en el momento hago click y me acuerdo de una foto que tengo en Internet y la imprimimos. Y pensé que era muy lindo que saliera mi hija dentro de la película porque ella estaba en México, o sea que no podía salir ni de extra. Pero ahí no acabó todo. Cuando Ángela vio la foto de mi hija dijo: “Se la mostré a mi mamá y pensó que era yo. Es igualita a mí cuando era bebé. ¡Qué casualidad!
Un director en bus... ca de sí mismo
Sigo moviéndome en Transmilenio. Gracias a no tener carro existe la película. Porque si hubiera tenido carro jamás hubiera visto a una mujer llorar en un bus. Mucha gente cree que un director de cine está nadando en dinero, con todas las noticias que recibe: que la película fue a Berlín y otros festivales. Tuve que apretar el cinturón, escribir el guión y dedicarle mucho tiempo. Y trabajar, aparte, en lo que fuera para poder comer y seguir escribiendo y terminarlo. Ha sido una lucha de muchos sacrificios. Ha habido momentos en los que me han dado ganas de tirarlo a la borda, porque la gente ve la película terminada, ve el proceso posterior y cree que todo fue fácil.
El proceso
Desde 2005 empecé a escribir el guión, en 2010 se rodó y hasta ahora se está exhibiendo. No es un proyecto que nació de la noche a la mañana, no estuvo exento de dificultades. Pero creo que entre más duro, más agradecido es uno cuando la ve terminada y bien recibida por el público, por los festivales y ojalá en las salas comerciales sea recibida tan bien. Eso es lo que uno agradece. Ojalá haya una retribución económica porque tenemos que comer.
El cine como terapia
Cuando comencé a escribir “Karen” no me planteé qué película podría dar taquilla en Colombia. No fue con esa intención que me senté. Las preguntas fueron: ¿qué es lo que yo tengo necesidad de expresar? Y ¿qué es lo que quiero explorar? Me di cuenta de que quiero explorar a la mujer, quiero explorar un cine cotidiano, un cine de sucesos pequeños, de personajes comunes y corrientes que pueden ser el vecino, la vecina o uno mismo. Y digamos que escribí lo que se me dio la gana. No sabía a dónde iba a llegar. Recuerdo que me dije: “si en el intento me muero de hambre, bien merecido porque me equivoqué”. Y sino, pues, agradecido por haber dado la lucha. En este momento estoy muy agradecido por haber tomado esta decisión tan fuerte y tan valiente. Estoy dándome palmaditas en la espalda a mi mismo. Y, la película si tiene obviamente la necesidad de expresar lo que uno necesita. La película es eso. Expulsar algunos demonios.
Yo soy Karen
Karen vive dentro de mí. Hay cosas mías que están en ella, indudablemente. Miedos. Incluso, a pesar de ser una película sobre una mujer, pienso que los hombres pueden identificarse también, porque uno a veces está atado a muchas cosas: a una relación, al dinero, a un trabajo y necesita romper con algo con valentía para poder encontrarse a uno mismo. Eso les puede pasar tanto a un hombre como a una mujer. Hay cosas mías en Karen, así como cosas de mujeres que me han contado episodios de sus vidas. Mujeres: no me cuenten sus anécdotas porque en la próxima película pueden salir.
Un sueño hecho realidad
Las expectativas están superadas. Mi sueño era verla en una sala de cine algún día en mi vida. Ver una película mía en pantalla gigante. Con el Festival de Berlín ya se cumplieron todas mis expectativas, lo que viene en adelante todo es ganancia. En cuanto a lo que viene, lo que sea bueno, bienvenido. Me imagino que no todas las críticas serán favorables, pero serán bienvenidas. Espero que ojalá la vean la mayoría de personas posibles. Que le llegue a una gran parte de público, a pesar que no contamos con los grandes medios. Que el “voz a voz” nos ayude. Y que la prensa alternativa nos ayude. Y que los afiches y los plegables aporten a las ganas de verla. Uno agradece que vayan a verlo. Esa es mi principal expectativa.
Lo que viene…;
“Cristina” fue mi tesis de grado. Realizada en el 2005, formato mini DV, con presupuesto de estudiante: costó un millón de pesos, con equipos de la Universidad Nacional. Fue realizada por estudiantes. En ese momento no me había graduado, por lo que tuve muchos errores. Pero la historia, en esencia, es muy interesante. Hace poco un compañero de la Universidad me dijo: “¿Oiga y por qué no la desentierra y la vuelve a hacer? Con más experiencia, con el recorrido que tiene”. Y yo dije: “¿Por qué no?”. En este momento estoy planteándome la posibilidad de retomar a “Cristina” que es una adolescente. Y, por otro lado, estoy trabajando en un proyecto de largometraje que se llama “La silla azul”. Estoy en la primera versión del guión.


