El movimiento juvenil español “Mayo 15” que rechaza el predominio de los intereses del capital financiero internacional sobre los valores de la comunidad cívica, la libertad y la democracia, es un ejemplo de acción ciudadana en el llamado “espacio público”, es decir, libre de la influencia de los políticos de oficio y del poder del Estado, que parece faltar entre nosotros.
¿Por qué? Ya Protágoras decía que sin el pudor y la justicia no habría podido darse la Ciudad-Estado (una prefiguración del espacio público) y Aristóteles comentó que tampoco habría podido darse entre los persas, debido a gobernaban su imperio con el mismo despotismo con que gobernaban a sus familias, con lo que impedían que se formara la fraternidad, base de la comunidad cívica.
Pero fue durante la Ilustración y la Revolución Francesa cuando comenzó a formarse en serio el espacio público en los grandes salones de crítica de las obras de arte y con la discusión en las publicaciones periódicas divergentes. En nuestros días, el filósofo Klaus Held, inspirado en Hannah Arendt, concibe el espacio público como el lugar de la deliberación libre de los ciudadanos, no sobre problemas técnicos (si la vía se construye aquí o allá) sino sobre problemas políticos (¿se sacrifican o no los bienes comunes a los intereses del mercado?), deliberación que culmina en un juicio político fundamentado en razones. Held también sostiene que la conciencia del espacio público sólo aparece si se da el “pudor” del que hablaba Protágoras, entendido no como “vergüenza”, sino como la “contención” que ejerce el ciudadano sobre su impulso de hacer prevalecer su propia opinión (o interés) sobre la de los demás, lo que permite que aparezcan en el espacio público los que tienen opiniones contrarias.
Así, se ve que en la Edad Moderna la libertad de opinión es la base del espacio público democrático. Pero lo característico de Held es su tesis de que esta forma de “pudor” político no se da si previamente no se ha formado en la educación del hogar otra forma del pudor, cual es la de la mutua contención con que se tratan las nuevas y las viejas generaciones, a pesar de sus modos de vida y opiniones discrepantes, y el mutuo cuidado por la vida de los más vulnerables, es decir, niños y ancianos, así como el rechazo del trato violento entre ellos.
Ahora bien, los estudios del historiador Alfonso Múnera muestran que, en la época de la declaración de la Independencia de Cartagena de Indias, lejos de existir sólo aquellos “desórdenes” del pueblo ignorante de la historia tradicional, más bien se dio la decisiva participación de los artesanos negros en la elaboración de dicha declaración. Esa primera forma de la conciencia del espacio público debió de tener relación con el fenómeno, puesto al descubierto también por Múnera, de la creciente conciencia del valor de la familia, de la ética profesional y de la responsabilidad cívica (p. ej. en el servicio militar) de los primeros profesionales mulatos.
Todavía hoy, ritos culturales como el del Cabildo de Getsemaní y estudios culturales, como los de los profesores Jorge Valdelamar y Juan Gutiérrez, así como los estudios de la historia de la medicina, como los del médico Álvaro Monterrosa, muestran los restos de la tradición de excelencia profesional, de participación política y de vocación de servicio de médicos y enfermeras de dicho barrio, así como de la fraternidad y solidaridad de su vecindario, cuyas protestas contra la dictadura de los años cincuenta vimos asustados desde un balcón, cuando niños. En síntesis, respeto por la vida en el espacio privado y respeto por la libertad de opinión en el espacio público.
Por eso, el año de la Afrodescendencia puede ser la ocasión para abrir un verdadero debate en el espacio público de la ciudad y del país sobre la cuestión de si el actual deterioro de los derechos a la salud y al trabajo, ocasionado por el creciente predominio de los intereses del capital financiero internacional sobre los valores de la comunidad cívica, puede acrecentar la violencia en los campos y el pandillismo en la ciudad, con sus atropellos a la paz de la familia y del vecindario y al respeto por la vida humana, lo que constituiría el más grande atentado de la época actual contra la formación del espacio público y, por lo tanto, contra el corazón mismo de la libertad y de la democracia.
