“Muchachos si yo me muero
mi estilo se va conmigo”
Alejo
Alejo Durán, poseía el canto fresco de La Primavera, quizás por eso en su Inventario, buscaba los amores perdidos de Juancho Polo en Alicia Adorada, pero observando su Pobrecito Corazón, busca refugio en un Atardecer Sinuano, donde podía escuchar el Guepajé de los Corraleros.
Así eran Las Cosas del Negro Alejo, quien hizo de su lira un canto en recuerdo de Altos del Rosario, en especial en los tiempos de La Primavera en que florecen Los Campanales, y es este instante cuando vuelve a revisar su Inventario y nombra a Fidelina, continúa afinando su Pedazo de Acordeón, una puya nostálgica, que se oye como un requiebro amoroso , que causa añoranzas en Evangelina y también en Elvira.
Alejo Durán un hombre formado con la sinceridad de los que se tejen entre hilos de verdades y se maridan con la naturaleza, sabíamos lo que él sentía en la intimidad de su corazón, por eso compuso: Entusiasmo a las Mujeres. Razón que tenía para hacer la apología de ellas y las compara con el florecimiento de la naturaleza, cuando entona en su acordeón la analogía: La Mujer y la Primavera. Sin embargo algunas veces él parece que participara de un rito (por algo David lo relacionaba con el diablo), que lo lleva a componer El Bautismo, y es donde se declara como un ser poseído y exclama con notas de trino adolorido: Este Pobre Corazón. Pero nada lo detenía y aparece con su Pedazo de Acordeón, engalanado con su Cachucha Bacana, un paseo que canta porque no sabe Qué tienen las mujeres, y se atreve a decir, contrariando su buena suerte con Reyita, Candy, Maruja y Cata , que : Las Viejas No Me Quieren. Eran pensamientos de Alejo que se floreaban con expresiones: ¡Oa!, ¡Apa!, ¡Ay!, ¡Sabroso!. Este negro sí canta sabroso.
Alejo, se había creado El Compromiso de cantarle a la mujer, quizás era una ofrenda a la voz cantarina de su madre. Él con su voz de río grande, hacía un mensaje de pureza, en el cual se revelaba la nobleza del hombre del campo, ese que siempre parece que se acompañara por el Lucero de la Montaña.
Podía volver a Altos del Rosario, y tocar su acordeón como la primera vez, con el mayor entusiasmo del mundo y responder aquella pregunta: A dónde estará Alejandro. Él con su acordeón armonizaba sus palabras para premonicionar como El Adivino, lo que traería El Verano. Fue un hombre de saber dar explicaciones para los que lo querían, fincaba su personalidad, cuando no aceptaba Amor comprado con el Besito cortao de todas sus admiradoras, ya fueran. Carmencita, Ángela, Cornelia, Mayito o la Cholita. Siempre pudo cantarles con notas sencillas los aires de Mi Folclor, muchas veces haciendo acordes fundamentados en La Puya Vallenata
Alejo, de canto fresco y sencillo, A mi Pueblo, cantó con la dulzura del hombre de muchas bondades, así lo mostró, cuando compuso Antioqueña, y después con mucha versatilidad, trae a su mente el recuerdo del río, para digitar con mucha maestría en son de tambora La Candela Viva, y retorna en sus recuerdos para componer un son, Josefina Daza, donde busca establecer el sosiego en su espíritu, y encuentra en lo más hondo de su corazón una explicación, para poder decir con notas alegres: Tengo un Dolor, mal que se ahonda con los olores que había dejado el 039. Sí ese que se había llevado a la dama de Cejas Encontradas.
Logra la calma por los recuerdos de La Niña Guillo, quien al verlo entrar en un canto lleno de intensa desesperación, se preocupa y brinda a Alejo las oraciones más extensas del viejo santoral, logrando que Alejo recupere la calma y luego éste le dice en notas de paz: Quédate Tranquila, que ahora me toca componer notas que no son de mi uso, como hombre cabal que soy: La Perra, porque esas, si merece los acordes del canto: Los Primeros Días.
Alejo, desde los inicio de su vida, había cincelado en su mente, que esta vida es un corto paso, como bien se lo señala el nombre de su pueblo: El Paso, ese edén puesto entre dos ríos: Cesar y Ariguaní. En ese pequeño cosmos, nucleado por la Hacienda Las Cabezas, recibió el germen de sus canciones: Náfer Durán Mojica, su padre, tamborero y de su madre Juana Francisca Díaz Villarreal, cantadora de tambora y pajarito. Con todo aquel aporte genético, Alejo se lanza a su vida de juglar, ya fuera para componer a María en ritmo de paseo o para hacer un merengue a Las Mellas,
En su vida de gran juglar no permitió componendas que torcieran su vida de hombre honesto y reconocedor de méritos, quizás llevado por este pensamiento ético, arregla el paseo La Trampa, que tiene la significación sencilla de la jaula para cazar un lindo pájaro, y no la del dolo ni el fraude.
Alejo en su andar de bardo, mostró mucho agradecimiento, fenómeno que demuestra con el paseo Ayapel y Plegaria Vallenata. No por esto, dejaba de mostrar cierto toque socrático, para componer canciones que llevaban un mensaje burlesco, como el caso del paseo: Los Lentes, donde los muestra como símbolo de hombre decente. Otras veces, como tantas, llegaba a la ocasión de terapeuta, y es el caso de la composición Mejoral, donde se declara curar el mal de amor.
Alejo inmortalizó el vallenato clásico, ese de grandeza por la sencillez de las palabras y profundidad en la razón para expresar un pensamiento de bondad y nobleza. Cuando llegan eventos, como el Festival de la Hamaca Grande, recordamos a Alejo, muy a pesar de no ser del Bolívar Grande. Pero él era un hombre que llevaba la música de acordeón en el corazón.

