Este período de nuestra Arquitectura se diferencia marcadamente, de los anteriores por la innovación en el uso de los materiales y técnicas constructivos, importados, como el cemento, el acero, el cristal, el mármol, la cerámica, y el bronce. A diferencia de la Arquitectura Colonial, fácilmente identificable, esta Arquitectura, totalmente ecléctica, dentro del espíritu del Romanticismo europeo retoma y fusiona, indiscriminadamente, el lenguaje formal de otros estilos, ya aceptados, como el Neoclásico, el Neogótico, el Neomudéjar, o el Barroco, con algunas expresiones aisladas, del Art Nouveau y del Art and Grafts bajo la poderosa influencia del Academicismo francés, de la Escuela de Bellas Artes de Paris, el cual, en franca retirada de Europa, empujado por el Movimiento Moderno, se nos vino a América, con sus arquitectos formados en esa Escuela, o matriculados en esa tendencia, como Gaston Lelarge, Pedro Malabet o Luis Felipe Jaspe Franco, entre otros.
El renacimiento económico de la ciudad gestado por Juan B. Mainero y la presencia del Presidente Rafael Núñez; se impulso’ con la creación de nuevas industrias; la recuperación de su puerto, y la conmemoración del Centenario de su Independencia, que motivaron la construcción de varias obras emblemáticas para ella como: la Torre del Reloj, el Camellón de los Mártires, los parques de Bolívar, el Centenario, Fernández de Madrid y San Diego, en la ciudad antigua, y el Parque Apolo de Rafael Núñez en el Cabrero, transformando la austera fisonomía de la ciudad colonial, cuyas ruinosas casas fueron reparadas, remodeladas o reconstruidas con el nuevo ropaje,, de la Arquitectura Academicista, según podemos apreciarlo en múltiples ejemplos, como son el Mercado Publico, la Casa Obregón, el Club Cartagena, el Teatro Municipal, los Bancos de la Republica y de Bolívar, el Edificio Pombo, los Almacenes y Talleres Mogollón, la Universidad de Cartagena, la Catedral, el Palacio de Justicia, el Hospital Santa Clara, la Alcaldía Municipal y la Casa Lecompte.
La ciudad rebasó el cerco amurallado, demoliendo parte de éste, y se fue extendiendo por la periferia en los nuevos barrios de El Cabrero, Manga, Pie del Cerro, El Espinal, Pie de la Popa y Torices, donde se construyeron hermosas villas y mansiones, muchas de ellas desaparecidas y otras condenadas a ello, debido a la ignorancia, el desarraigo y el afán de lucro.
Para este tiempo, se llevaron a cabo los primeros asentamientos informales, de Pekín, Pueblo Nuevo y El Boquetillo, frente a las murallas, entre los baluartes de Santo Domingo, y Santa Catalina y la escollera de La Marina; los cuales fueron; erradicados posteriormente. En el antiguo arrabal de Getsemaní, preferentemente, en las calles Larga, de la Media Luna y el Arsenal, se instalaron los inmigrantes sirio-libaneses quienes modificaron sus casas bajas con el fin de dedicar la primera planta al comercio y la segunda planta a sus viviendas.
Este período termina cuando entre 1929 y 1930 se produce en Europa y el mundo la Gran Depresión, paralizando la construcción durante casi una década
Fundación Fototeca Histórica Cartagena de Indias





