El 20 de febrero de 1961, la Junta Pro-Iglesia de Bocagrande, integrada por Don Alberto Samudio Ossa y Nabonasar Martínez, hacía entrega de la Iglesia y Casa Cural de Bocagrande, al Arzobispo José Ignacio López Umaña.
Don Alberto Samudio Ossa, nos regala con lujo de detalles, su narración sobre el origen, desarrollo y final del proceso de creación de la Iglesia “María del Perpetuo Socorro”: “En el año de 1946, el arzobispo de Cartagena José Ignacio López Umaña, a petición de algunos vecinos católicos del barrio de Bocagrande, constituyó una junta integrada por el Presbítero Camilo Villegas Angel, las señoras Emma Villa de Escallón, Avelina de Martelo, Maria Visual de Villarreal, Maria Porto de Pupo, Hortensia Gómez Pombo, Amalia Holguín de Pombo y los señores Capitán Rubén Piedrahita Arango y Guillermo Piñeres. La Andian, en el plano de la urbanización de Bocagrande, había señalado el sitio para el templo, en una extensión de cuatro mil metros cuadrados aproximadamente.
El señor arzobispo propuso el nombre de Cristo Rey como titular de la Iglesia y a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro como Patrona de ella y del barrio. Se solicitó al arquitecto José Maria González Concha un estudio del terreno y la elaboración de planos. El primer evento que se celebró para recaudar fondos fue una velada lírica que ofreció en el Teatro Cartagena el poeta español Don Eduardo Marquina. Para el año de 1948 el arquitecto González presentó los planos arquitectónicos, los cuales, la junta exhibió en los almacenes Mogollón y la Heladería Americana.
Se procedió a contratar con la firma Zeizel y Martelo la hincada de 650 pilotes por un valor de cuatro mil seiscientos pesos, reunidos con mucho esfuerzo, salvando la situación una generosa contribución de cinco mil pesos donados por don Miguel García Sánchez. Debido al poco aporte de los vecinos, languideció aquel primer intento de construcción. En el año de 1953 don Joaquín Franco Pombo, Nabonasar Martínez Sierra y yo, nos dirigimos al Señor Arzobispo López Umaña, para que nos diera licencia y llevar a término la construcción del Templo.
De común acuerdo resolvimos hacer una quijotada, nos presentamos a la gerencia del Banco de Bogotá para solicitar un préstamo de ocho mil pesos con la garantía personal de nuestras firmas, el cual nos fue otorgado. Las señoras Adela de Yabrudy, Hortensia Gedeón y Maria Visual de Villarreal, con una alcancía de la Virgen de Fátima que circulaba por las casas, logró reunir el dinero necesario que nos permitió encargar en un viaje que hicimos a España, la imagen del Santo Cristo, obra tallada en el prestigioso taller de arte religioso de Madrid, la casa Grande y el Vía crucis adquirida en casa Rosés de Barcelona. Fue instalado por el Joyero español Villa. Como interventor se nombró a Ignacio Benedetti Marrugo. Se destacó como donante, don Miguel García Sánchez, que no era cartagenero, con una contribución de quince mil pesos, suma respetable para esos años, constituyéndose así en el donante estrella para Templo y Casa Cural. Terminada la obra, se hizo entrega con un almuerzo al señor Arzobispo de su apartamento totalmente dotado...”
Los templos son para el creyente, la cumbre del perdón y de la reconciliación con Dios, el lugar donde en medio de cantos, palabras y oraciones, se toca el alma y germina la semilla de la eternidad. Los templos son espacios vivos llenos de ecos, donde la vida y la muerte se saludan, donde es posible saborear el amor infinito, esa dulce esencia del universo. Cuando un templo nace, como éste, es porque ha sido forjado por hombres con el verdadero deseo de fundir sentimientos y creencias, de marcar con un fuerte trazo el camino hacia la luz. Sin embargo, la vida de un bien arquitectónico no se limita al momento de su creación, sino que éste es también el resultado de un continuo trajinar, por lo tanto, es necesario mencionar al Padre Luciano Arias, pues bajo su dirección se lograron grandes aportes que han ayudado a que hoy la ciudad cuente con una Iglesia en muy buen estado. Desde que llegó, en el año 2006, inició obras y trabajó sin descanso hasta el último día en el que fue trasladado. La reparación del campanario, torre, techos, la Capilla del Santísimo, la remodelación total del Altar y el Sagrario, son algunos de los aportes que nos deja. Gracias a él, al apoyo y aportes constantes de la comunidad del sector, la Iglesia continúa viva como fue el deseo de sus iniciadores.
Fundación Fototeca Histórica Cartagena de Indias




