Revista dominical

Marilyn Monroe: El mito no muere

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JORGE MENDOZA DIAGO
05 AGO 2012 - 12:01 AM

Hace cincuenta años, por la época en que se encontraba rodando el filme Something’s Got to Give con la 20th Century-Fox, bajo la polémica dirección de George Cukor, Marilyn Monroe no era una actriz aquilatada en el medio de Hollywood, pese a que había participado en una treintena de películas. Esta última que no logró terminarse, ni siquiera era buena y Cukor ya se hallaba en decadencia, después de haber sido exitoso en Broadway en los años 20, lo que le permitió ser llamado al cine sonoro.
De modo que si Marilyn no hubiera muerto a los 36 años, ni estuviera asociada sentimentalmente a los Kennedy y por una de esas fantasías que frecuentemente se hacen realidad en la pantalla, el filme se hubiera terminado, sería uno más de esos que la gente se olvida fácilmente.
De alguna manera la actriz, que había adoptado su nombre artístico con el apellido de su verdadera madre, era el hazmerreir de los directores y actores de la cinematografía americana, por su excesiva dependencia de los barbitúricos, por una personalidad voluble y caprichosa y porque como afirmaba su último compañero de escena, Dean Martin, “era una buena chica, pero cuando uno la miraba a los ojos, no había nada. No había calidez, no había vida. Todo era una ilusión. Se veía muy bien en película, pero en persona…; era un fantasma.”
Más patética fue la referencia del director Billy Wilder: “Una pobre muchacha que de repente se volvió famosa sin saber por qué. Los que la rodean le dicen que debe convertirse en una gran actriz, que debe interpretar piezas de Ibsen y Dostoiewski. Ella ahí mismo se dedica, pero se siente como el que, habiendo escrito una canción de éxito, está obligado a escribir sinfonías.”
Si se admitiera por consenso entre los entendidos de verdad una clasificación de las mejores actrices de la historia del cine, habría que escudriñarla mucho más por debajo de las veinte o treinta primeras, aún entre sus contemporáneas. Con mucho más talento las hubo y las hay por montones, Ingrid Bergman con Casablanca; Vivien Leigh la intérprete de Scarlett en el clásico Gone with the wind, Olivia de Havilland,  Marlene Dietrich e incluso Jodie Foster y otras más. También más bellas, Jane Fonda, Lana Turner, Natalie Wood, Grace Kelly, para mencionar unas cuantas. Pese a que tenía un elevado coeficiente intelectual, 164, mayor que el de Einstein, que el de Mozart y el de Bill Gates, su depresiva condición, la llevó  a depender a ultranza del Thorazine, a descuidar su apariencia física y a cometer muchísimos errores en los rodajes, faltando con frecuencia en los momentos de la filmación, lo que la condujo a un verdadero estado ominoso y a que le cancelaran su último contrato.
Los últimos meses de vida de la diva en pleno verano yanqui, fueron francamente un desastre, quienes la tuvieron de cerca no tenían motivo para sorprenderse con su suicidio e incluso se habló de al menos cuatro intentos fallidos. Pero ese triste final no fue sino la lógica consecuencia de una vida llena de avatares desde su nacimiento hasta llegar a una desazón total. Exceptuando tal vez al ídolo deportivo Joe DiMaggio, considerado por muchos entendidos como el mejor beisbolista de la gran carpa de todos los tiempos, y que sin duda, fue quién de veras la amó entrañablemente y con quien estuvo casada en 1954, por 9 meses, sus demás amores lo fueron sobre todo con ánimo meramente sexual y en otros casos por pura conmiseración. Ella se había obsesionado con el brillo político, el carisma y el esplendor juvenil de los hermanos Kennedy, para entonces en el pináculo de la fama. Lo que al comienzo se tomó como meros chismes de las reuniones sociales de la aristocracia bostoniana, la misma que había discriminado a Joe Kennedy y su familia por provenir de inmigrantes irlandeses sin pergaminos, y luego se hizo público a través del tabloide sensacionalista National Enquirer  y otras publicaciones, finalmente se convirtió en un hecho incontrovertible que el presidente del país más poderoso del mundo, desde sus tiempos de senador, mantenía un tórrido romance con la actriz.
Con el correr del tiempo y cuando ya ha transcurrido medio siglo desde su enigmática desaparición, ningún relator desprevenido niega la realidad de este romance. Poco antes de morir,  en el año 2009, el único sobreviviente de la generación de los cuatro hermanos llamados a tener un hondo calado en la historia americana, Edward M. Kennedy, cariñosamente Teddy, hizo públicas sus memorias que recogieron la historia de la dinastía, desde su óptica, a partir de 1941 hasta el momento de escribirlas en el año 2008. Es extraño que en todas ellas, ni siquiera en el momento del famoso Happy birthday, Mr. President, haya una referencia aunque fuera sutil o insignificante a la famosa actriz. Esta omisión, más que desvirtuar, ratifica que sí hubo algo, pues de no ser así, ante la avalancha de comentarios que se suscitaron en todas las esferas y la tantas veces difundida escena del cumpleaños presidencial, es impensable que no fuera mencionada en una remembranza de los hermanos Kennedy.
Cómo se explica que un personaje como este haya traspasado el umbral de la inmortalidad? ¿Por qué miles de millones de mortales, hombres y mujeres de todas las edades y condiciones, a lo largo y ancho del mundo, la recuerdan tanto y por qué todos esos sitios están literalmente inundados de sus múltiples afiches?
Se volvió un mito, de los más grandes y eso que el 8 de agosto de 1962 a las dos de la tarde de un tórrido verano, cuando se llevaron a cabo las exequias, asistieron sólo 23 personas y solamente una celebridad, el ex marido beisbolista, no hubo uno solo de los actores o actrices, ningún representante de Hollywood. Si se juzga su importancia por este triste y solitario funeral, a nadie se le hubiera ocurrido que se iba a convertir con el tiempo en el ícono que ha sido.
Su belleza física, aunque indiscutible, no era la más, si acaso esa extraña mezcla de ingenuidad y erotismo la hacía sumamente deseada, pero esos conflictos internos tan permanentes en ella, conllevaban el aburrimiento de sus parejas de turno. Fue célebre la salida que tuvo el consagrado actor Tony Curtis, quien compartió con ella y Jack Lemon el papel estelar en la cinta Una Eva y dos Adanes, Some like it hot  y con quien tuvo un corto romance del que se dijo incluso que había habido un embarazo fracasado, cuando afirmó que besar a Marilyn era como besar a Hitler.
En sus últimos años, apenas balbuceaba y quienes la frecuentaban han dicho muchas veces que era incapaz de decir una frase de más de diez palabras, olvidaba los libretos, tanto que la última escena antes de ser licenciada la tuvieron que repetir 47 veces. Incluso, el tan famoso Happy birthday Mr. President no hubiera pasado de ser una escena ridícula con una voz gangosa de no haber sido dedicado al presidente.
Sus amigos de épocas mejores Pat Newcombe, Frank Sinatra, Peter Lawford, Dean Martin y otros tantos, a quienes acudió con desespero en sus postreros momentos, la ignoraron y a la amenaza de quitarse la vida, le respondieron con sorna, …; “nadie se quita la vida en un día de fiesta”.
Por su parte el presidente Kennedy y su hermano mantuvieron hasta su último día y mucho más con el correr de los años, una acogida en todos los humanos que llegaba hasta el delirio. Camelot, pasó de ser el imperio del rey Arturo a convertirse en el breve período en el que América tuvo familia real. Son famosas sus escapadas con las chicas de turno. Difícilmente se puede encontrar en la historia de la humanidad a alguien con estas características y para robustecer más este carisma, quienes podían robarle protagonismo en el mundo eran, con mucho, polos opuestos; un Kruschev regordete, calvo, bajito y cascorvo; un De Gaulle con imagen de militar franchute estereotipado, Mcmillan, viejo y con apariencia cansada, peor Adenauer y U Thant con sus rasgos orientales y su hombre opuesto en Latinoamérica, lo era un barbudo vestido de militar verde oliva que terminó siendo odiado como un ave de mal agüero de tanto que se burló de los gringos que no pudieron acabarlo.
Después del magnicidio del 22 de noviembre de 1963, el más lamentado de la historia, su imagen se creció aún más y se llevó consigo la de la actriz rubia oxigenada, pues a partir de ese momento todo lo que remotamente oliera a Kennedy, la familia real americana, era sublimizado como por arte de magia, hasta el punto de que la actriz que en otras circunstancias fuera difícilmente recordada se convirtió en el ícono por excelencia.
De modo que los miles de millones de hombres que la hemos soñado, que la hemos deseado, que la hemos coleccionado, no lo hemos hecho, sino bajo el prurito de querer parecernos en algo a los Kennedy

In this undated publicity photo courtesy Running Press, Marilyn Monroe is shown wearing a knife-pleated gold lamé gown made from “one complete circle of fabric.” She wore this dress in "Gentlemen Prefer Blondes." Monroe passed away a half-century ago this week, a murky death that remains one of Hollywood's most tantalizing mysteries. But look around: Her legend lives on, more vibrantly than ever. In a twist she surely would have appreciated, this 1950's bombshell has become a 21st-century pop culture phenom. (AP Photo/Courtesy Running Press)
FILE - In this file film publicity image released by The Weinstein Company, Michelle Williams portrays Marilyn Monroe in a scene from "My Week with Marilyn." Williams was nominated for an Academy Award for best actress for her role in the film. Monroe passed away a half-century ago this week, a murky death that remains one of Hollywood's most tantalizing mysteries. But look around: Her legend lives on, more vibrantly than ever. In a twist she surely would have appreciated, this 1950's bombshell has become a 21st-century pop culture phenom. (AP Photo/The Weinstein Company, Laurence Cendrowicz, File)
n this Aug. 5, 1962 file photo, a police officer points to an assortment of medicine bottles on the table beside the bed, right, in actress Marilyn Monroe's home in Los Angeles, Calif., where she was found dead. Monroe was 36-years-old. The 1982 District Attorney's report states that roughly 15 prescription bottles were seen at the scene, but only eight are reflected in the coroner's report. (AP Photo, File)

Objetos que acompañaron a Marilyn aquel 5 de agosto de 1962.

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