No es por insistir en desgastar la frase que harto se ha ensañado en las altas esferas que gravitan alrededor de ese barbitúrico demoledor donde se trenza la belleza, la juventud y la fortuna: "no hay nada más erótico que el poder", pero en este capítulo de las rancias travesuras romanas que datan de los laureles de Nerón, Calígula y Adriano, obliga subrayarla.
Silvio Berluscconi, que heredó la linfa megalómana de los emperadores, vuelve a ser noticia de primera plana en los periódicos y revistas del mundo, tras revelarse la identidad de quien supuestamente es una de las reclutadoras mayoristas de las jovencitas que el potentado italiano pagaba para satisfacer sus desenfrenados instintos hormonales en báquicas orgías de sus islas privadas del Adriático o en las suntuosas termas de Caracalla.
Nicole Minetti, treintañera, portento de hembra, es el nombre de esta dentista que enamoró con sus maquiavélicos labios a Il Cavaliere, a cambio de una bien remunerada curul en el consejo regional de Lombardía. El canje luciferino entre el magnate y la Celestina, incluía racimos de ninfas en flor que cumplían sus caprichos en los mullidos cojines de sus aposentos y lavatorios medicinales.
¡Por Júpiter!, ahora Minetti desfila oronda en la Semana de la Moda de Milán, cubierta por un bañador sin tacha, coqueta y presumida, con el guiño de las triunfadoras a cualquier precio, entre el aplauso y los miramientos lascivos de los mismos espíritus vasallos que otrora, en el coliseo, reverenciaban al César antes de que éste, con un pañuelo de seda, ordenara el sacrificio vil de los cristianos.
"La política está al servicio de la moda", aseguró la diva al final de la pasarela. ¡Vaya cinismo! La Roma imperial sigue intacta con sus vicios, corruptelas y pedanterías. Y de estas no se escapan ni los roñosos gatos que abundan desperdigados por las veredas del imponente anfiteatro.