Cartagena disfrazada. En siete años de revitalización de las Fiestas de las Independencia se han consolidado espacios culturales en las barriadas cartageneras y se ha fortalecido el movimiento estudiantil en torno a la tradición festiva. Pero hay procesos exitosos que se lograron en años anteriores que no tuvieron continuidad en la actual administración. Uno de los acontecimientos creativos de 2011, fue la exposición Feria, cosecha 2011 de Bienes Culturales, innovación social + Inclusión productiva, evento que del Bicentenario de la Independencia de Cartagena, realizado de manera interistitucional entre el Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena, la Universidad Tecnológica de Bolívar y su Laboratorio de Cultura y Desarrollo, actores culturales y artistas invitados como Cristo Hoyos y Ruby Rumié. Esta propuesta desarrollada a lo largo del año incentivó la puesta en escena de nuevos disfraces y comparsas y promovió las industrias culturales locales.
Ese evento planeado a corto y largo plazo deja señales para la cultura cartagenera, al igual que Más Mayo, multiplicó la agenda en los cuatro puntos cardinales de la ciudad, motivando a músicos, bailarines, grafiteros, cantantes, teatreros, estatuas humanas, etc. ¿Por qué un ejemplo exitoso en la cultura local no es replicado por la nueva administración? Los problemas que ha vivido el distrito de Cartagena, ha afectado e incidido en la cultura. Ningún proceso cultural se improvisa, es fruto de encuentros humanos y concertaciones democráticas. Pero en Cartagena (en donde hay dos personas reunidas hay tres criterios en conflicto, y es probable que salga ganando un cuarto criterio, a falta de consenso).
No se duda del enorme esfuerzo con que el Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena, procura mantener los logros de las anteriores directoras Gina Ruz y Irina Junieles al frente de esa institución en la que pusieron a andar una política cultural pública, firme, innovadora y democrática. En un momento crucial en la que los presupuestos de la cultura en Cartagena, fueron debilitados y reducidos. Al margen de esa realidad coyuntural, la ciudad no puede ni debe detener los procesos logrados, porque la pérdida es irreparable para la ciudadanía en general.
Hace unos años la Fundación Gimaní Cultural desarrolló una plausible tarea de rescate de sus cabildos en el barrio, que luego, se replicó en toda Cartagena. Las dinámicas culturales no siempre fluyen con el mismo ritmo. Hay movimientos que se cierran para poder sostenerse y abrirse finalmente. Y hay movimientos que no generan competitividad y se detienen en sus procesos. No es el caso de la organización mencionada. La cultura no es para restar ni para dividir, sino para sumar y multiplicar. Qué bien que surjan más cabildos y grupos culturales en toda Cartagena. Que haya de veras campo para todos. Sin demagogias ni populismos. Eso se logra en la concertación, en el diálogo directo con las comunidades, con los gestores y creadores.
La sostenibilidad de los escenarios culturales en las barriadas es un asunto crucial y trasciende lo físico. La búsqueda de nuevos recursos de financiamiento de proyectos en la comunidad. La apertura de convocatorias y las alianzas con otras instituciones.
¿Cómo explicarse que en la tierra de Joe Arroyo, Clímaco Sarmiento, Rufo Garrido, Pedro Laza, Sofronín Martínez, para citar algunos de ellos, no exista un espacio que popularice la memoria sonora y musical? ¿Cómo explicarse que no existe un álbum en homenaje a Estefanía Caicedo, Madre del Folclor Cartagenero? ¿Y que nunca en Cartagena se hubiera editado un álbum de Adolfo Mejía y Sofronín Martínez? Indolentes hemos sido en Cartagena. Acumuladores de sueños en una ciudad con propósitos inconclusos.
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