Con las brisas tibias de febrero se murió mi tío Lico. Ya tenía casi cien años y el servicio funeral acaeció en la parroquia San Carlos Borromeo del Barrio La Quinta, donde se erige un brazo de La Popa. Un cura haitiano ofició la misa, las mujeres invocaban piedad. Negros y mulatos nos arremolinamos en el atrio del templo, había sol de las tres, riendo, hablando, recordando al finado. Hasta que apareció el tema: la elección del primer alcalde negro en la historia de la ciudad. Uno de nosotros.
Sus regaños a los funcionarios públicos, cuando ostentaba el poder del micrófono, favorecieron las demandas cotidianas, las chichiguas. En ese sentido, triunfó la política de las sobras, lo que les queda a las gentes: el terreno del clientelismo visto como oportunidad para obtener algún beneficio de un modelo socioeconómico que condenó al gobierno a ser un administrador de la pobreza. La gente lo tiene bien claro: por eso el triunfo popular y populista de Campo Elías y es precisamente eso es lo que está en crisis. En contraste, los intereses de los ricos gozan de plena seguridad y estabilidad, por eso es que el modelo funciona. En Cartagena, pues, una ciudad vive a expensas de la otra.
Las opciones que compitieron las pasadas elecciones podían ser mejores que Campo, pero, eran los mismos de siempre, de modo que la gente se preguntó: ¿Por qué no con Campo? La condición marginal de las mayorías se profundiza en virtud de las políticas neoliberales aplicadas en Colombia hace veinte años, de manera, que ninguna alcaldía ha servido. A Campo Elías le fue doblemente peor: una alcaldía tan inservible como las anteriores y, para terminar de rematar, su fracaso refuerza el estigma socioracial contra lo negro y su vocación de poder político y económico. “Los negros no sirven para mandar” Dijo con resignación uno de mis tíos, cuando cargaban el cofre de Lico.
La política de las sobras seguirá triunfando en las próximas contiendas electorales, con la exclusión mucho más reforzada, puesto que, desde ahora y quién sabe hasta cuándo el primer cargo del Distrito quedará vedado para negros o para cualquier sujeto popular. Así, los miembros de las casas politiqueras se seguirán disfrazando de negros y de pobres porque conocen bien la necesidad de la gente y el juego que legitima el poder como un círculo vicioso clientelista. De ahí que el pegante social de Cartagena sea la hipocresía, por eso Campo Elías fue tan útil a los intereses de los politiqueros, por eso se lo aguantaron en las fotos de las páginas sociales. El clientelismo y el modelo socioeconómico imperante consolidó nuestro espíritu servil, patente en este silencio social tan sordo; pero eso no niega la rabia, decepción, frustración y violencia generalizada que se desfoga de muchas formas en la vida cotidiana. Una prueba, entre muchas, está en el gremio de mototaxistas: son cada vez más y está latente la revuelta.
Administrar la pobreza requiere conocer el modelo socio económico, sus efectos y su relación con las leyes que la gobiernan (que siempre favorecen a los poderosos). No va a ver alcaldesa o alcalde blanco o negro que pueda domar semejante monstruosidad, porque una cosa es el poder y otra cosa es el cargo de alcalde, de manera que a este último, le toca repartir las sobras entre casi un millón de personas y, por su puesto, no alcanzan. Y mucho menos en una sociedad enferma de elitismo, racismo, corrupción y malquerencias. Estamos arrinconados de tal forma que el problema es de papa en una era del no empleo. Obligados a esperar un alcalde que facilite condiciones del rebusque, de la OPS, del contratico, porque de lo contrario los desesperados vienen por lo suyo: caiga, quien caiga (tal y como está ocurriendo). Pero, ni eso. Al contrario. Un solo ejemplo entre muchos es Transcaribe, donde todo el mundo sabe que su efecto social será devastador, pues, le quita la comida a mucha gente, para concentrar sus ganancias en unos pocos. Aquí no hay alcalde de ningún color que ataje semejantes abusos. Lo que hay es un pueblo negro y mulato impotente sin soberanía sobre su destino. La experiencia de Campo Elías alcalde es para que cojan escarmiento, para que no se le ocurra a ningún negro o negra creer si quiera que puede aspirar al poder. Dios tenga en su santa gloria al tío Lico.
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