Revista dominical

Punto y aparte - Mayo de 1948

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GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
12 MAR 2013 - 12:00 AM

Un  nuevo,  inteligente  y  extraño  personaje  se  ha  incorporado  a  nuestra  mesa  de redacción.  Se  presentó  cualquier  día  procedente  de  no  se  qué  desconocido  país, situado  al  norte  de  la  extravagancia.  Un  hombrecillo  intrascendente,  desprevenido, que  movía  el  más  difícil  y  pintoresco  mosaico  de  gesticulaciones.  El  animal  de  la timidez se le paseaba por la voz y se la tumbaba por los despeñaderos más intransitables  de  la  gramática.  Un  hombre  positivamente  desadaptado.  Sin  filiación  política definida,  hubiera  sido  fácil  confundirlo  con  un  anarquista  de  mal  gusto.  Sin  credenciales  diplomáticas,  tenía  la  revenida  dignidad  de  un  ministro  plenipotenciario pasado de moda. (...)
Ahora  está  aquí,  definitivamente  incorporado  a  nuestras  labores  diarias, suspendido en un clavo de nuestra oficina de redacción. Allí lo dejó el lápiz maestro de Héctor Rojas Herazo, acaso sin saber que aquella caricatura sin importancia iba a desatar la más implacable campaña purificadora.
Hoy  es nuestro  cotidiano  y  benéfico  dolor  de cabeza.  Desciende  de  su pedazo  de papel  y  se  nos  asoma  a  la  máquina  por  encima  del  hombro.  Hemos  empezado  a escribir una nota y él, como todo un profesional de la sinceridad, nos grita al oído con una voz de regañadientes: Usted señor García nunca aprenderá a escribir. ¡Tuérzale el  cuello  a  ese  cisne  decandente!  Déjese  de  tonterías  y  diga  cosas  que  tengan  sustancia.  Hay  que  iniciar  una  campaña  contra  la  frondosidad  lírica,  eliminar  esa adjetivación de a dos por centavo. Una verdadera labor de sanidad literaria.
Este es, en dos platos, el miembro más útil de nuestra redacción. Es el encargado de  archivar  todo lo que no sirve. Allí en el clavo  mismo que sostiene su desgarbada humanidad, está colgada la obra impublicable de todos los Mingos Revulgos espontáneos.
Allí, amigos lectores, pueden encontrar mañana los originales de esta nota.

Gabriel Garc{ia Márquez, Nobel de Literatura, en su natal Aracataca.

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