El paparazzi de Silvio Berlusconi, el fotorreportero que le mostró al mundo las fiestas del gobernante italiano con jovencitas rameras, tuvo una ventaja insospechada para tomar las primeras de esas fotografías: conocía Cerdeña como la palma de su mano. De niño, esta isla era el escenario de sus juegos. Como sabandija, sabía bien dónde estaba cada recoveco, se internaba en las cuevas, se encaramaba en las peñas, se sumergía en los riachuelos, reptaba entre la vegetación enana...
Fue precisamente una cueva la que le sirvió de escondite. Por horas que sumaron días, una de ellas, situada a un kilómetro de distancia de la mansión del político, lo protegió de la vigilancia de los guardianes y de un Sol de verano que calentaba la tierra a más de 40 grados centígrados. Y pudo demorarse lo que fuera necesario para dar tiempo a que el viejo verde y las chicas sensacionales llenaran con su desnudez las fotos. Al contarlo, hace énfasis en que las muchachas tenían rostros de adolescentes; no asegura que fueran menores de edad porque en las imágenes, explica, ellas no portaban la cédula.
Da la impresión de que a él no le gusta que le digan paparazzi. Cuando le preguntas si lo es, te dice que es reportero gráfico. Pero lo es: paparazzi suele definirse como el sujeto que "tiene una conducta de fisgón, entrometido y sin escrúpulos mientras ejerce su oficio de fotógrafo".
Cerdeña es una isla más grande que El Vaticano. Allí nació Antonello Zappadu, nuestro personaje, en 1957. En los locos años sesenta, su padre, Mario Zappadu, tenía acostumbrada a la familia —la esposa y los siete hijos— a su ausencia por andar tratando de cazar fotografías que contaran historias, historias impresionantes: era fotorreportero. Y si esto maravillaba al joven Antonello, había un asunto que lo llenaba de orgullo: su papá fue el primer italiano en hablar en la radio.
—Me gustaba la fotografía. Puede decirse que vino conmigo —cuenta este hombre blanco y calvo, en un español lleno de italiano, sentado en un mullido sillón de su apartamento de Cali, ante un ancho ventanal que promete una gran vista de la ciudad, pero no puede cumplir porque la recortan algunos edificios sembrados a pocos metros. Interrumpe a veces su conversación para regañar a su hijo de cinco años, Francesco, inquieto como un cabrito, que ha rayado las paredes de la casa de arriba abajo y hasta el techo, brincando desde las camas y las mesas. Su esposa, Susan, una caleña de cabello castaño, risueña y espontánea, anda por ahí cerca interviniendo cada que el español de Antonello se agota—. Estaba estudiando fotoperiodismo. Trabajaba y estudiaba. Tenía un permiso especial del periódico La Nueva Cerdeña y recorría la isla entera en una Lambretta, con un letrero que me fascinaba: «Servicio de Prensa». La gente decía: "¡Abran paso que va la prensa…".
Escándalos y persecución
En el Mediterráneo, Cerdeña es la segunda isla en tamaño. Al occidente de la península itálica, es una región autónoma. Allí ha habido una ley que restringe las construcciones, pero en 2004, cuando Berlusconi compró un extenso terreno para construir la mansión Villa Certosa, las autoridades se lo permitieron.
Según el fotorreportero, quien nunca ha entrado a la propiedad, desde el mar puede accederse en barco hasta el interior mediante un túnel submarino. En el subsuelo hay un salón presidido por Neptuno, dios de los mares. Bajo su mirada pétrea realizan reuniones de una especie de club de naturaleza poco clara.
La primera vez que Antonello Zappadu tomó fotografías de las fiestas del entonces Primer Ministro, era abril de 2007. Resulta más preciso decir que abril de 2007 fue el principio del fin de la era Berlusconi.
Una de las fotografías más comprometedoras muestra al político cargando a una de las jóvenes y poniéndole una mano en la vagina. Esta fue la portada de la revista italiana Oggi. Otra lo muestra cogiéndole los senos a una mujer diferente. También hay registros fotográficos de un acto lésbico y otros de un matrimonio ficticio del megalómano mandatario con una muchacha que, según se sabría después, era Angela Sozio, quien había participado antes en un realitytelevisivo.
El fotógrafo vendió a Oggi 500 fotografías por una cifra que no revela.
—Berlusconi tenía entonces 71 años —comenta Zappadu. Me indica que pasemos a la mesa para ver en su computador portátil una infinidad de fotografías. Il Cavaliere desnudo junto a la piscina, chicas desnudas en el patio, prostitutas descendiendo de un avión con agentes del exmandatario...
Después de las publicaciones de esas primeras imágenes que estremecieron a Italia y despertaron el morbo en todo el mundo, Antonello se refugió en Córcega, una isla francesa situada muy cerca de Cerdeña, hacia el norte. Sin salir de la zona, quedaba fuera del alcance de las autoridades italianas.
Tras la publicación de las imágenes y del escándalo desatado, a Zappadu querían meterlo preso. Fue acusado de violación al domicilio y a la propiedad. Pero logró demostrar que nunca entró a Villa Certosa. La justicia lo absolvió.
Zappadu siguió vendiendo imágenes a periódicos y revistas del Reino Unido, Hungría, Alemania, España, Japón, Australia y países de América.
En 2009, el paparazzi tomó más fotografías de las fiestas insulares, ya no desde su cueva, descubierta y vigilada, sino desde la casa de un amigo, a menos de 250 metros de distancia de su objetivo. Su colección superó las 20.000 piezas. Y siguió distribuyéndolas por el mundo. Por esos días se enteró de que cuando el entonces Primer Ministro volvió a casa, después de una de aquellas farras, encontró a su esposa, la actriz Verónica Lario, haciendo maletas.
—¡Cómo… ¿Te vas de viaje? —Le preguntó él.
—No. Te vas tú —le contestó ella.
Resulta más preciso decir que en 2009 fue el principio del fin de la era Berlusconi en su vida familiar.
Zappadu se sintió perseguido. Comenzó a viajar para evitar riesgos. Vino a América.
—Viajaba con una sola maleta, sin importar cuánto tiempo fuera a demorarme. Temía que en mi equipaje pudieran esconder droga y me acusaran de otros delitos.
Y como ya estaba casado con Susan y había nacido Valentina, la hermana mayor de Francesco, desoyó consejos de amigos de no venir a Colombia y desde ese tiempo está en la Sultana del Valle.
—Mi mamá odiaba a Berlusconi. Murió en 2000. Papá era berlusconiano. Creía que él era bueno. Cuando le conté que querían matarme, no me prestó atención, pero se emocionó porque destapé los escándalos. Decía que era un orgullo que lo hiciera. Murió en 2010. No alcanzó a ver el desenlace.
El desenlace: el político, el empresario, el zar de los medios de comunicación, Il Cavaliere Silvio Berlusconi, está preso.
Por una parte, en este 2013, la Corte Suprema de Casación lo condenó en forma definitiva a cuatro años de prisión por fraude fiscal. Y, por otra, la que tiene que ver con los escándalos denunciados por el atrevido reportero gráfico, el pasado 24 de junio fue condenado a siete años de prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos por constricción a la prostitución de menores y abuso de autoridad.
Antonello Zappadu espera que precluya un segundo proceso en su contra, por el mismo asunto, lo cual ocurrirá en 2014. Está tranquilo. Aun perdiendo, no iría a la cárcel. Hasta tiene aspiraciones políticas. "Planeo presentarme a las elecciones para diputado de mi isla".
Antonello vuelve a quejarse ante Susan de la necedad de Francesco, quien, cada que su padre le da la espalda, sigue mostrando sus dotes de muralista.
SÍNTESIS
FOTOS DE UNA LIBERACIÓN ARREGLADA
En 1992, Farouk Kassam, de siete años y nacionalidad libanesa, hijo del gerente de un importante hotel de Cerdeña fue secuestrado. Se rumoró que era pariente de un príncipe. En Italia ha sido delito pagarles a los captores, pero, según Zappadu, el Gobierno lo hizo para evitar líos internacionales. Se dijo que fue rescatado en operativo militar, pero las fotos de nuestro personaje mostraron la realidad.
Hace unos días fue al Putumayo y estuvo a punto de ser secuestrado por guerrilleros. "Solo se llevaron mi reloj. Yo les tomé fotografías". Son dos ejemplos que muestran que la vida de nuestro personaje es de película.
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