Revista dominical

Escuela Capitolio

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JASSIR ELJACH
13 OCT 2013 - 12:02 AM

En la Escuela Capitolio de Bolívar poco se enseña. Más bien dejan que el ADN haga lo propio.
El profesor entra al salón de clases y el caos es total. Digna de cualquier institución que tenga el nombre Capitolio en alguna parte. En la primera fila siempre se sientan los más bobos del curso, esos que siempre les cae las bolas de papel que tiran los que se sientan detrás. El espectáculo que ve el profesor, no es la mejor bienvenida.
- Simoncito, no. Tienes el libro al revés, muchacho. ¡Ya le arrancaste unas hojas! Tocará decirle a tu papá que te compre una nueva Constitución ¡Roberto, de por Dios! ¡Cómo así que viene a clases todo untado de mermelada, vea! Y eso que es el mayor de la clase. ¡No, es que estos muchachos! Miren que somos una institución respetable. Nos acaban de pedir un cupo para el año próximo, el muchachito vino con sus papás. Lo tuvimos que devolver porque le dijo al coordinador que si no lo recibían le iba a pegar en la cara. Roy, cincuenta planas en el tablero. Escriba "no debo aprender qué es un mico".
-¿Qué es un mico, profe?
-Cuando sea grande lo va a saber.
En la fila de la derecha, muy bien peinados, un grupo de cuatro niños se sienten indignados.
-¡Profe, vea, Roberto se está comiendo toda la mermelada él solo!
- Yo como lo que me toca -replica Roberto-. Y déjeme decirle, profesor, que me niego a asistir a las clases de educación sexual. En mi casa me enseñaron que son clases estériles y excrementales.
- Protesto, profesor -dice Jorge Enrique desde la fila de la izquierda, con evidentes signos de vejez prematura-. Lo que plantea Robertico es homofóbico, escatológico y atenta contra las minorías. Es una cosa absolutamente leonina.
-¡Cállese, comunista!- le grita alguien de atrás.
- ¿Profe, qué es comunista, que vive en las comunas?
- No, Simón, mejor ni te explico porque igual no vas a entender. Digamos que los comunistas critican el modelo económico de tu papá. Y, Jorge Enrique, el rector te manda a decir que él no está en ningún negocio de baldíos.
Jorge Enrique saca unos papeles que tiene guardados en la cartilla Alegría de leer.
-Estos papeles dicen otra cosa, profesor. La actitud leonina del señor rector le impide ejercer este cargo.
Bueno, niños. Como todos saben a Merlano lo tuvimos que expulsar del colegio. Ese muchacho quería andar en esa bicicleta por el patio del colegio como si fuera su casa. Si fuera mayor de edad diría que estaba borracho. Hubo otra expulsión, la prima de Juan Manuel. Pero resulta que nos tocó reintegrarla al salón de clases.
- Es inaceptable ¡Me niego a recibirla!
- Ivancito, no te quejes que la prima a todos nos cae muy bien. Hay que admitir que la niña se deja querer.
- Pues, casi que no la devuelven -dice Juan Fernando-. Ya aquí todos habíamos dicho que no estudiábamos más sin la prima.
- Renuncien a la prima o nadie sale de aquí. Yo tengo la llaves de este salón -dice un niño que está en el puro centro del salón.
-Cállese, José O. Yo prefiero a la prima de Juan Manuel que al primo suyo.- le grita un muchacho con aires liberales. 

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